Dolmen

El término "dolmen" empezó a utilizarse a finales del siglo XVIII. Sus raíces etimológicas se encuentran en "dol" (mesa) y "men" (piedra), es decir "mesa de piedra", indica una estructura formada por una losa horizontal dispuesta sobre piedras verticales, caracterizada por una cámara de forma circular, poligonal o cuadrangular, a veces precedida de un pasillo de acceso. El dolmen, cuya principal función es sepulcral, a veces está cubierto con tierra o piedra (cairn), que quizá pretendía resaltar su presencia y proteger las sepulturas interiores. Las estructuras dolménicas de Francia aparecen a veces decoradas con grabados que representan figuras de hachas de piedra, con o sin mango, y garabatos indescifrables. La mayoría de estas figuras delinean silhouettes o partes del cuerpo humano bastante estilizadas. Es posible que se trate de representaciones de dioses protectores, que se repiten a menudo en las tumbas megalíticas, cuyo sexo, en esta fase, no está indicado. No hay que olvidar que la Diosa Madre, en las civilizaciones agrícolas del Neolítico era, al mismo tiempo, la diosa de la fertilidad y la protectora de los difuntos. Además, son dignas de atención otras estructuras dolménicas de forma compleja, concentradas en Francia, corno el gran sepulcro (70 metros de longitud por 25 de anchura) de Barnenez en Plouezoc'h (Finistère) que abarca en su interior once dólmenes con pasillo construidos en el Neolítico en dos épocas distintas (la aplicación de la prueba del radiocarbono ha permitido datarlas de forma inequívoca: en el 3800 y el 3500 a.C.). Algunas cámaras funerarias tienen una planta circular y otras están cubiertas con una falsa bóveda (una estructura cuyo origen no se puede atribuir a una época tan arcaica).
 
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