Oso

Cuando los ostienses han matado un oso, lo desuellan y suspenden la piel en un árbol cerca de uno de sus ídolos, después de esto le rinden sus homenajes, se excusan humildemente de haberlo matado y le hacen presente que en el fondo no es de ellos de quienes debe quejarse, pues que no han forjado el hierro que le ha atravesado, y que la pluma que ha dado la velocidad a la flecha, pertenece a una ave extranjera. Ver, Arcas, Calisto, Circe, Egesta.
 
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