Oppidum ibérico
Ciudadela fortificada. La emergencia de grandes centros fortificados a finales de la Edad del Hierro constituye uno de los episodios más importantes de la Protohistoria española, y resulta perfectamente comparable con el mismo fenómeno, más o menos coetáneo, de la "Civilización de los Oppida" en el centro y occidente de Europa. El tema tiene un gran interés, entre otros motivos porque con los oppida se produce la primera estructuración compleja del territorio, la primera ordenación sociopolítica del paisaje que va más allá de los poblados autárquicos conocidos en las etapas precedentes. Sin embargo, la historiografía tradicional ha realizado una aproximación muy superficial del tema. Por una parte, siempre ha prevalecido la espectacularidad de sus fortificaciones y grandes dimensiones y, por otra, se ha asumido una única funcionalidad y cronología, aceptando que todos ellos tenían las mismas características. La crítica de estas ideas sólo ha empezado a dibujarse a nivel europeo, y el reestudio con nuevos planteamientos en la península Ibérica también es muy reciente. Una cuestión particularmente interesante es la identificación del concepto teórico de oppidum y la metodología necesaria para abordar la personalidad de estos asentamientos. Las circunstancias que han podido intervenir en su formación pueden haber sido muy diversas, como la ordenación política del territorio, el control de las rutas de comercio, las condiciones defensivas o la proximidad a determinados recursos naturales. Muy pocos han sido objeto de excavación sistemática pero, de hecho, la organización interna de estos centros puede decirnos mucho más sobre el tipo de sociedad de finales de la Edad del Hierro, que sobre si estaban o no urbanizados. Estas aproximaciones nos parecen importantes, y no parece baladí afirmar que el desarrollo de modelos útiles para el estudio de la organización social de las diferentes comunidades europeas, es el gran reto de la arqueología de la Edad del Hierro.

