Eólidas
o Eólicas o Aeoliae o Aeoli. Archipiélago volcánico en el Mar Tirreno, cerca de la costa nordeste de Sicilia. La isla más grande es Lípari, razón por la cual se conoce también al archipiélago como Islas Lípari. Las otras islas son Vulcano, Salina, Stromboli, Filicudi, Alicudi y Panarea. Las islas Eolias emergieron hace más de 700.000 años. Los primeros pobladores desembarcaron aquí, hace aproximadamente 6.000 años. Pueblo de pastores, agricultores o comerciantes, pero sobre todo de artesanos de la cerámica. Descubrieron obsidiana, mineral de durísima roca volcánica vitrificada negra y reluciente, no es producida por todos los volcanes. La obsidiana fue la causante del extraordinario desarrollo de la civilización neolítica en el archipiélago, con la creación de aldeas y la intensificación de los intercambios comerciales marítimos. A partir de la obsidiana se obtenían herramientas, raspadores, puntas de flecha y hojas menos resistentes que el sílex, pero más duras. Se ha encontrado gran abundancia de obsidiana de Lípari en los poblados neolíticos de Sicilia y de la península italiana e incluso en las costas de Francia meridional y en Dalmacia. La piedra pómez era empleada sobre todo como piedra abrasiva sobre la cual se limaban las herramientas y utensilios. Los grandes depósitos de piedra pómez de las laderas del monte Pilato han dado trabajo a numerosas generaciones de liparotas. La lava se utilizó para construir las primeras viviendas: material sólido, poroso, perfecto para aislar de las tempestades, canículas, y para refugiarse de las lluvias traídas por los vientos desérticos. Para los cimientos se empleaban los bloques de lava, las paredes se construían con porosa piedra pómez, para el suelo la toba. Para el techo se usaba el llamado "astrico". Y el termino "techo", teniendo en cuenta su uso es impropio, en realidad se trataba de terrazas, para la recogida del agua de lluvia en cisternas subterráneas. Los primeros habitantes de Lípari se establecieron, según los hallazgos, en los altiplanos del "Castellaro Vecchio". En el IV milenio a.C. nació el primer núcleo habitado, construido en la roca del Castillo de Lípari. El comercio de la obsidiana propició la expansión demográfica y urbanística, extendiéndose el asentamiento de la Rocca hasta planicie de la calle Diana. A finales del III milenio a.C., con el inicio de la Edad de Bronce, llegan a Lípari y al resto de las Eolias nuevos grupos étnicos debido a los regulares contactos que se establecieron con los micénicos. Las islas fueron frecuentadas por pueblos micénicos de estirpe eólica, ya fuertemente arraigados en Metaponto, para los cuales las islas se convirtieron en una especie de puestos vigías para el control de las vías comerciales que atravesaban el estrecho de Mesina. Precisamente de este pueblo eólico tomaron las islas el nombre que aún hoy conservan y a él hacen referencia las leyendas del mítico rey Eolo, señor de los vientos, citado en la Odisea. En el curso del siglo XIII a.C. se establecieron en las islas, procedentes de las costas de Campania, pueblos ausonios con los cuales se relaciona la leyenda del rey Líparo de la que tomó su nombre la ciudad. Despobladas a finales del siglo X a.C. quizás a causa de rivalidades entre diversos pueblos por la supremacía marítima del bajo Tirreno, las islas quedaron prácticamente desiertas durante algunos siglos. Durante la 50 Olimpiada (580-576 a.C.) Lípari fue colonizada por griegos de estirpe dórica, procedentes de Cnido y de Rodas, comandados por el heráclida Pentatlo, supervivientes de una infeliz tentativa de fundar una colonia en el lugar donde se halla la actual Marsala. Los nuevos colonos se encontraron, en primer lugar, ante la necesidad de defenderse de las incursiones de los etruscos. Precisamente por ello tuvieron que armar una poderosa flota, con la que obtuvieron numerosas victorias ante el enemigo y se aseguraron la supremacía en el mar. Con el botín conquistado erigieron, en el santuario de Apolo, en Delfos, unos monumentos votivos (más de cuarenta estatuas de bronce), de cuyos basamentos queda constancia. En 427, durante la primera expedición ateniense a Sicilia, conducida por Laques, los liparienses estrecharon una alianza con los siracusanos, quizás por su común origen dórico. Sufrieron ataques, como afirma Tucídides, por parte de la flota ateniense y de la región de Reggio, pero sin graves consecuencias. En la expedición cartaginesa del 408-406. Lípari mantuvo de nuevo relaciones amistosas con Siracusa. Por este motivo fue atacada por el general cartaginés Himilcón, quien, adueñándose de la ciudad, obligó a los habitantes al pago de una indemnización de 30 talentos. Una vez que se hubieron marchado los cartaginenses Lípari recobró su independencia. Durante la tiranía de Dionisio el Viejo, Lípari permaneció al lado de Siracusa y, posteriormente, al de Tíndaro. Los barcos liparienses dominaban el bajo Tirreno y el año 393 interceptaron un barco romano que llevaba a Delfos una gran vasija que representaba la décima parte del botín de la conquista de Veio. Pero su supremo magistrado, Timasiteo hizo que lo restituyeran por tratarse de una obra sagrada dedicada al dios Apolo, que los liparienses veneraban. Posteriormente, las islas fueron escenario de enfrentamientos entre el Roma y Cartago por su situación estratégica. En el año 304, la isla fue atacada por Agatocles, quien impuso a la misma un tributo de 50 talentos. Seguidamente, Lípari cayó bajo el yugo cartaginés, situación en la que se encontraba cuando estalló la primera guerra púnica. Por sus excelentes puertos y por su posición de alto valor estratégico, el archipiélago se convirtió en una mejores estaciones navales cartaginesas. En el año 262, el cónsul romano Cneo Cornelio Escipión, confiando en que podía adueñarse de Lípari con cierta facilidad, quedó bloqueado por Aníbal, quien consiguió capturarlo a él y a toda su escuadra. En 260, la victoria romana en la Batalla de las islas Eolias sancionó el final de la Primera Guerra Púnica y la sustitución del dominio marítimo cartaginés del Mediterráneo por el romano. En 258. Aulo Atilio Calatino cercaba la ciudad ante posibles asedios. En el 257 las aguas de las Eolias fueron el escenario de una cruenta batalla entre las flotas cartaginense y romana. Lípari fue conquistada por los romanos en el año 252. Arrasada con cruentas matanzas, perdió junto a la independencia la prosperidad económica. Dio inicio entonces un periodo de grave decadencia para la ciudad. Por otra parte, siguió obteniendo ingresos sustanciales de la industria del alumbre, que probablemente se extraía en la isla de Vulcano ya desde la Edad de Bronce y del que Lípari tenía el monopolio en el mundo antiguo. Asimismo, también eran muy frecuentadas las excelentes aguas termales de Vulcano y de Lípari, que gozaron de un notable renombre también en la Roma imperial. Cicerón recuerda a Lípari y habla de los atropellos que la misma sufrió por parte de Verres. Las islas Eolias tuvieron una gran importancia estatégica durante la guerra civil entre Octavio y Sexto Pompeyo, quien fortificó Lípari. Fue conquistada en el año 36 a.C. por Agripa, almirante de Octavio, que convirtió la isla de Vulcano en la base de su flota para las operaciones que precedieron a la batalla naval de Milazzo y para el sucesivo desembarco en Sicilia. Lípari sufrió también en esta ocasión nuevas devastaciones y nuevos desastres. Parece que posteriormente la isla de Lípari pudo gozar del estado jurídico de municipium. Plinio la definió como oppidum civium romanorum. No hay noticias relativas a todo el periodo imperial romano (siglos I-lV). Sabemos sólo que el emperador Caracalla, después de hacer que asesinaran a Plauciano, su suegro, desterró a la isla a la mujer de éste, Plautila, y a su cuñado Plaucio, quienes murieron en el exilio.
)o( MITOLOGÍA.- Los primeros amos de las islas fueron los dioses y monstruosas criaturas. Eolo, el dios griego de los vientos, dio su nombre al archipiélago y regaló a Ulises un odre lleno de vientos favorables. Hefesto, al que los latinos llamaban Vulcano, famoso por ser el forjador de los rayos de Zeus y del tridente de Poseidón, tenía aquí su fragua y vivía con sus ayudantes, los cíclopes, en el interior del cráter de Vulcano. El mítico rey Líparo, hijo de Eolo, rebautizó con su nombre la antigua Melignis, la más grande de las islas. Homero habla tan sólo de una isla Eoliana, que llama flotante, ceñida de un fuerte muro de cobre y rodeada de rocas escarpadas.

