Ébotas
Atleta y el primero de los aqueos que se distinguió en Olimpia. No habiendo sus compatriotas honrado su victoria con algún monumento público, se indignó de tal modo que llenó de imprecaciones a todos sus compañeros que disputaron el premio después de él y cuyas maldiciones oyó un inmortal. Los aqueos lo repararon cuando, admirados de que ninguno de ellos había sido coronado en los juegos Olímpicos, enviaron a consultar el oráculo de Delfos para saber el motivo. Entonces mandaron erigir una estatua a Ébotas, en Olimpia, y le tributaron muchas otras señales de honor. Luego, después de Sóstrato de Pallene, fue declarado vencedor, y desde este tiempo los aqueos que querían combatir en los juegos Olímpicos empezaban honrando a Ébotas,
sobre su tumba, y venían a coronar su estatua cuando salían victoriosos.

