Eleazar
Famoso mago que, como dice Josefo, ataba a la nariz de los poseídos un anillo en el cual estaba engastada cierta raíz, de la que Salomón se servía para el mismo objeto. A penas la olfateaba el demonio, arrojaba por tierra al poseído y lo abandonaba. El mago recitaba luego las mismas palabras que este príncipe había dejado escritas y, en nombre de Salomón, prohibía al demonio que volviese a aquel mismo cuerpo. Después, llenaba un cántaro de agua y mandaba al demonio que le arrojase por tierra. El espíritu maligno obedecía, siendo esto una prueba de que había abandonado su presa.

