Simbología egipcia
El arte egipcio ha estimulado durante ss. la curiosidad y la imaginacion occidentales. Antes de que los profesionales europeos descifraran la olvidada escritura jeroglífica, las pinturas e inscripciones ya habían sido copiadas y publicadas, mientras museos y coleccionistas privados obtenían ávidamente obras de arte. Ello no resulta difícil de comprender, puesto que el arte egipcio es, como todo lo que ha pervivido del mundo antiguo, rico y cautivador. Los egipcios llenaron sus hogares, templos y tumbas con obras artísticas, que iban desde estatuas colosales a minúsculos, y frecuentemente delicados, utensilios cotidianos, artículos de joyería y amuletos. Sin embargo, estos trabajos no deben ser vistos como simples ornamentos o composiciones estéticas, puesto que la función del arte estuvo estrechamente relacionada con las creencias religiosas de los egipcios, y generalmente no se comprende una de estas características sin hacer referencia a la otra. Aun cuando muchas obras artísticas fueron elaboradas, indudablemente, para ser apreciadas y disfrutar de ellas, sabemos que este no era siempre su primer objetivo. El tema único y común que se encuentra invariablemente en el arte egipcio es su mensaje simbólico. Los egipcios buscaban representar muchas de sus creencias religiosas e ideas sobre la naturaleza del cosmos a través de los símbolos. En este sentido se utilizaron objetos simbólicos y pinturas para destacar lo trascendental y lo intangible. En ocasiones este simbolismo se podía referir a la creación y al origen de la vida sobre la tierra, mientras que otras veces destacaba el misterio de su propagación y continuación. Los símbolos también fueron utilizados, como protección, para salvaguardar al egipcio del mal en esta vida y en el más allá; así, muchas piezas de arte egipcio tuvieron que ver con el tema de la vida despué‚s de la muerte. La comprensión de las ideas básicas de esta antigua cultura puede ayudar a apreciar el arte que se ha conservado, aunque en muchos casos estos trabajos artísticos no pueden ser totalmente entendidos o apreciados sin algunos conocimientos de los símbolos específicos que fueron utilizados en su composición. Por ejemplo, el rey egipcio podía estar representado en forma de halcón, león o toro, así como sus atributos podían ser realzados por la forma de su trono, corona y cetro. Según la corona que portara, el rey podía simbolizar su dominio sobre diferentes áreas del territorio, o su gran poder y relación con los dioses. Las dos regiones mayores del territorio, el Alto (sur) y el Bajo (norte) Egipto, fueron simbolizadas por varios emblemas, tales como el loto y el papiro, mientras que sus enemigos eran representados como los denominados "Nueve Arcos", referidos a nueve cautivos con otras tantas diferencias étnicas o, en ocasiones, como nueve arcos de guerra. Una simple escena de ofrenda que muestra a una familia compuesta por el padre, la madre y el hijo puede representar una compleja lectura a través de símbolos, gestos y colores. Semejante escena podría asociar a los miembros de la familia con importantes divinidades de la religión egipcia -quizás Osiris, Isis y su hijo Horus- y, mediante esta asociación, destacar una afirmación especial sobre la gente y su lugar en la vida futura. Únicamente a través del conocimiento, puede transformarse semejante escena de algo sin sentido, en un rico y detallado tapiz de sí¡mbolos producidos por el artista. El artista egipcio utilizó, pues, los signos de la escritura para añadir esta dimensión simbólica al arte. Los antiguos egipcios se referían a los signos jeroglíficos utilizados en la lengua escrita como medu netcher, "palabras de dios", un significado preservado en la palabra jeroglífico, que acuñaron los griegos para los relieves y las inscripciones esculpidos en los templos. La relación entre estos signos escritos y las representaciones a gran escala fue siempre estrecha. Los egipcios desarrollaron desde los primeros tiempos un sistema de escritura cursiva para tareas cotidianas como escribir cartas o informes. Sin embargo, el uso de los jeroglíficos persistió a través de la historia y fue evidente en lugares rituales y representacionales mucho tiempo después de que la utilización de estos signos hubiera cesado en la comunicación cotidiana. Aunque la escritura jeroglífica es. en muchos de sus aspectos, compleja, el principio básico es fácil de comprender. Estos signos fueron usados básicamente en dos sentidos: fonéticamente e ideográficamente. Como fonogramas o "signos sonoros" podían explicar palabras, por ejemplo. el símbolo que representaba la boca (en egipcio "r") podía ser utilizado para la letra "r", y el signo que representaba el brazo (en egipcio "a") para la letra "a". También se podían usar ideográficamente como "signos de idea" para transmitir su significado original, para "boca" y para "brazo", o para palabras asociadas con estas ideas. tales como "hablar" o "dar". Las palabras eran escritas, usualmente, mediante una combinación de estos dos usos de signos, así que, por ejemplo, la palabra ra o "sol" fue escrita con los signos fonéticos "r" + "a" seguidos por el jeroglí¡fico para "sol" que clarificaba el significado de dicha palabra. Al final de la palabra se encuentra siempre un ideograma denominado "determinativo", que define la clase de cosa a la que se refiere, permitiendo así distinguir diferentes palabras. Por ejemplo, con el determinativo para dios, la palabra ra deviene "el dios sol Ra". De esta manera, toda la escritura jeroglífica está hecha a partir de dibujos y gran parte del arte recibe su influencia y se elabora a partir de signos escritos. La prueba de esta certeza se puede observar en el vaso esculpido en piedra, de la tumba de Tutanjamón. Examinándolo con detenimiento se puede constatar que esta pieza está casi totalmente compuesta por signos jeroglíficos colocados con el objetivo de crear una obra repleta de significado simbólico. Los jeroglíficos que aparecen en el vaso son los siguientes: el anj, símbolo para "vida", cuyos travesaños son mostrados como brazos asiendo los signos que se encuentran al lado, el signp uas para "dominio", el signo renpet para "años", el lirio del Alto Egipto, los papiros del Bajo Egipto y la forma básica del signo sema para "unión". Esta obra, lejos de un complicado y ornado diseño, contiene un claro mensaje simbólico que explica el apoyo subyacente y continuo de los poderes de la vida y el dominio al Alto y el Bajo Egipto. De esta manera se puede observar cómo los signos jeroglíficos específicos fueron modelos para partes o. en ocasiones para la totalidad, de obras de arte y composiciones complejas, lo que demuestra la interacción entre escritura y representaci¢n artística. Si bien esto no significa que todo el arte egipcio fuera de naturaleza jeroglífica o que todos los jeroglíficos fueran utilizados en arte, no es exagerado afirmar que los signos jeroglíficos sustentaron buena parte de la base de la iconografía egipcia, la cual -del mismo modo que las inscripciones escritas- responde a la función práctica de hacer una clara aseveración simbólica. Así, no fue accidental que los egipcios utilizaran la misma palabra para referirse a su escritura jeroglífica y a la pintura de sus obras de arte y era frecuente que el escriba llevara a término -o, al menos, diseñara- ambas. Corno ha escrito un destacado historiador del arte egipcio, "... una vez el escriba había aprendido a dibujar la totalidad de la lista de signos ideográficos con la habilidad requerida. se convertía de inmediato en un artista, puesto que la composición de sus dibujos era el ensamblaje de un determinado número de ideogramas con alguna interacción entre sí". La interacción entre los signos incorporados a las pinturas y esculturas egipcias es muy importante y el ojo experto puede ver cómo conforma el esqueleto, por así decir, de muchas composiciones. Los distintos elementos "ideográficos" de las representaciones egipcias deben "leerse" de igual manera que los signos de una inscripcción. Tanto si aparecen coni claridad o, como sucede en otros casos, con sutileza, ya que en el arte egipcio el uso de los signos jeroglíficos se da en dos niveles distintos. En el primero, los signos se usan clara y esencialmente en sus formas escritas normales; en este primer tipo de asociación las obras artísticas podían contener o estar enteramente compuestas por jeroglíficos. Un ejemplo clásico de esta práctica puede verse en la estatua de Ramsés II, en la que el rey está representado como un niño -que en egipcio se denominaba "mes"- sentado con el dedo en la boca, la misma postura que aparece siempre en el jeroglífico mes o "niño". El rey porta sobre la cabeza el disco solar "ra", mientras que con la mano izquierda sostiene una estilizada planta "su". Así, la estatua no representa únicamente la figura física del monarca, sino que también expresa su nombre desglosado: Ra-mes-su o Ramsés. El arte egipcio también utiliza los jeroglíficos en un sentido que nosotros denominamos nivel secundario de asociación. En el mismo, los objetos. personas o incluso gestos pueden ser representados de tal manera que sugieran la forma de los signos jeroglíficos y así exprese, desglosado, un mensaje simbólico. Muchas de las estatuas en las que la diosa Isis sostiene ante sí a su hijo Horus o abraza a su esposo Osiris, de manera que forma con sus brazos el jeroglífico que significa "abrazar", son claros ejemplos de este nivel secundario de asociación. Frecuentemente, la misma composición puede utilizar formas jeroglíficas de ambos niveles. En el vaso de Tutanjamón descrito más arriba. las plantas que flanquean y los signos anj y uas pertenecen con claridad al primer nivel, mientras que el cuerpo central del vaso no tiene todos los detalles inherentes de los signos djed "unión", que sólo pueden verse a un nivel secundario de asociación. La presencia de uno -o ambos- de estos usos de las formas jeroglíficas debe buscarse con atención si se quiere entender el aspecto simbólico de cualquier obra de arte egipcia. Otro aspecto de la utilización de las formas jeroglícas es el de la personificación. En el mismo vaso, los signos anj, con sus brazos humanos, son un claro ejemplo de ello, y un fenómeno muy común en el arte egipcio. Este recurso fue usado con frecuencia para identificar hipóstasis -personificaciones de ideas o cosas no humanas- o para enriquecer de alguna manera la validez simbólica de un objeto. La personificación formal se refiere a figuras humanas cuya función es personificar un objeto. lugar o idea, tales como "fuego", el río Nilo, o "el oeste". Estas personificaciones están representadas frecuentemente, con un jeroglífico de identificación sobre sus cabezas, corno si de una corona o de un tocado se tratara o retratadas como figuras cuyas cabezas aparecen en la forma de sus signos jeroglíficos. Sin embargo, en todos los casos, la personificación formal implica una figura humana cuya función es representar algo. Contrariamente a la anterior, la personificación emblemática se refiere a objetos no humanos o emblemas. tales como signos jeroglíficos que aparecen dotados de atributos humanos, como en el caso de los brazos añadidos al signo anj en el vaso aludido. Ambos tipos de personificación permitían que el artista egipcio incorporara el uso de jeroglíficos en contextos representacionales, y realzar el aspecto simbólico de una composición dada. También debe tenerse en cuenta que el estudio del simbolismo que presenta el arte de una determinada cultura puede proceder de muy diversos niveles. Los historiadores del arte conocen bien algunos de los peligros de la interpretación simbólica, como, por ejemplo, que es fácil caer en el error de sobreponer nuestras propias ideas a las de los antiguos, o establecer conclusiones sobre símbolos representacionales a partir de información extraída de fuentes textuales supuestamente relacionadas. En ocasiones estos son los únicos caminos que tenemos para acercarnos a un símbolo determinado. Incluso si se actúa con prudencia, debe recordarse que los símbolos pueden ser entidades variables dotadas casi de vida propia. Como productos de la mente humana, varían en el tiempo y encuentran diferentes expresiones en contextos distintos de un mismo período. Mediante el aprendizaje de la "lectura" del arte egipcio podemos llegar a comprender algunas cosas sobre su rico contenido simbólico y verlo de una forma más cercana a como lo veían los propios egipcios. Ver, Simbolismo.

