Maniqueísmo

Doctrina de Mani o Manes o Maniqueo. Se puede resumir en pocas palabras como sigue: existe una oposición entre la luz y las tinieblas, entre el bien y el mal. El mundo está formado por estos dos elementos y componentes. El espíritu del hombre es luz, y su cuerpo, oscuridad. Toda la ética maniquea se centra en la emancipación del alma sobre el cuerpo. Los elegidos -el clero- célibes, que no deben comer carne, deben también abjurar de la envidia y la mentira. Los no elegidos se pueden casar y trabajar, pero deben ser virtuosos y no buscar la riqueza. La religión maniquea propugna el rezo y la plegaria, pero no el culto a las imágenes. Recibían el bautismo, la comunión y la absolución de los pecados. Rechazaban el judaísmo. Sus himnos estaban inspirados en los cantos babilonios y su cosmología en el gnosticismo. Para ellos, Jesús era una figura central. Creían en la Trinidad y en la metempsicosis, idea ésta probablemente tomada del budismo. Prisciliano fue acusado de maniqueísmo, porque la persecución fue brutal tanto en el Imperio sasánida como en el mundo occidental romano-cristianizado. A pesar de las persecuciones, el maniqueísmo se propagó por Asia, África y Europa, donde tuvo vigor hasta el siglo XIII entre los cátaros, albigenses, bogomilos y valdenses. Entre los sasánidas prevaleció la religión zoroástrica. Basada en el Avesta fue capaz de aglutinar en torno suyo las diversas fuerzas políticas como sistema coherente y fue la religión del Estado centralizado. Permaneció inmutable, frente al cristianismo, budismo y maniqueísmo. Ver, Manes.
 
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