Evergetismo
"hacer el bien", "actuar bien". La ruinosa ambición por los símbolos que era el mecenazgo, reinaba en la antigua Grecia aún más que en Italia, que había recibido su ejemplo de los propios griegos. Dicho mecenazgo es conocido por los modernos como "evergetismo". Cuando alguien era nombrado pretor o cónsul, tenía que desembolsar de su propio peculio cantidades exorbitantes para ofrecer al pueblo de Roma espectáculos públicos. representaciones teatrales. carreras de carros en el Circo e incluso ruinosos combates de gladiadores en la arena del Coliseo. En las ciudades más insignificantes del Imperio. lo mismo si se hablaba en ellas latín o griego, que si se hablaba celta o siríaco, la mayoría de los edificios públicos fueron construidos de su propio bolsillo por los notables locales. Larguezas como estas se llevaban a cabo tanto por generosidad privada, como por imposición pública. Variaba de un individuo a otro y no había dos casos particulares iguales. Las ciudades habían logrado de forma paulatina que la tendencia a la magnificencia ostentatoria de los ricos se convirtiera en un deber público; se les obligaba a hacer sistemáticamente lo que la preocupación por su rango les impulsaba a hacer de vez en cuando. El evergetismo fue un punto de honor nobiliario en el que el orgullo de casta puso por obra todas las motivaciones cívicas y liberales sobre las que los historiadores se han extendido finamente, pero con excesiva exclusividad: civismo, gusto por las donaciones, deseo de distinción.... Cualquier noble aspira a quedar por encima de los otros y a poder decir que ha sido "el primero" o "el único" en prodigar tal o cual liberalidad. De modo que el evergetismo o mecenazgo no era tan virtuoso, pero tampoco tan maquiavélico como han señalado otros. La nobleza residía, literalmente, en un "juego de competición", tan irracional, política y económicamente, como el despilfarro de pura ostentación. Ver, Arché, Leiturgía, Evergesía.

