Temón
Cuando los enianes, expulsados de Pelasgiótide por los lapitas, erraban a través de Grecia, quisieron establecerse en las márgenes del Ínaco (en Acarnania). Allí hubieron de enfrentarse con los inaquios y los aqueos. Un oráculo había vaticinado a los primeros habitantes que perderían su país si cedían la menor porción de él y, por otra parte, había prometido a los enianes que, si los primitivos poseedores les cedían la menor parte de su tierra, podrían llegar a ser dueños de toda la región. Para resolver la dificultad, un noble de los enianes llamado Temón se disfrazó de mendigo y se presentó al rey de los inaquios, Hipéroco. Éste, hombre brutal, se burló de él y, en vez de pan, le dio un puñado de tierra. Temón lo cogió y se lo puso en el zurrón. Al verlo, los viejos del país se acordaron del antiguo oráculo, y ante lo que acababa de hacer Temón, pusieron en guardia al rey pidiéndole que irnpidiese que el singular mendigo se marchase con un trozo de su país. Temón comprendió sus intenciones y se apresuró a huir, prometiendo a Apolo una hecatombe si lo sacaba del mal paso. Apolo lo protegió, y Temón pudo escapar de sus enemigos. Más tarde, el rey de los enianes, Femio, trabó singular combate contra el rey Hipéroco, y mientras éste, a petición de Femio, se volvía para ahuyentar al perro que lo había acompañado al lugar del combate, Femio lo mató de una pedrada. Los enianes se apoderaron entonces del país. En recuerdo de estas aventuras, tributaban un culto especial a las piedras, y al celebrar los sacrificios ofrecían a los descendientes de Temón un filete selecto de la víctima, filete que llamaban "la carne del mendigo".

