Esfinge

Monstruo fabuloso, demonio de destrucción y mala suerte, al cual los antiguos daban generalmente rostro y pecho de mujer y cuerpo de león. Nada más común que la esfinge en los monumentos egipcios, los unos están representados con alas y los otros sin ellas, pero con largas trenzas de cabellos. Plutarco dice que se suponían esfinges en los tiempos de los egipcios para manifestar que la religión egipcia era toda enigmática. Hesíodo, quien en su Teogonía es el primero que la menciona, la hace hija de la Quimera y de Ortro, el terrible perro hermano de Cerberos. Opinión que no comparte Laso de Hermíone, quien la estima nacida de Equidna, la bella ninfa con cola de serpiente, y del poderoso Tifón, siendo de la misma opinión Higinio y Apolodoro. Otros la señalan como el fruto de los amores entre Tifón y la Quimera. Fue enviada por un dios, pero no hay acuerdo sobre cuál. La mayoría de los autores señala que fue la vengativa Hera, opinión que sostienen, entre otros, Apolodoro y el autor del escolio a las Fenicias. Señala este último que el motivo de la diosa habría sido la impunidad en que los tebanos quedaron tras el rapto y la seducción que Layo, rey de Tebas, cometiera en la persona del joven Crisipo. También se menciona como que fue enviada por Dioniso y Ares, vinculando las razones de este último al episodio en el que su hijo Dragón fue muerto a manos de Cadmo, el fundador de Tebas. Eurípides, por su parte, señala que la envió Hades. La Esfinge se instaló en uno de los montes del oeste de la ciudad de Tebas, el Ficio o el Antedón. Irritado Juno contra los tebanos, envió este monstruo a su territorio para desolarlo. La esfinge de Tebas se supone muy diferente de la de Egipto: tenía la cabeza y los pechos de mujer, las garras de león, el cuerpo de perro, la cola de dragón y las alas como las de las aves. Ejercía sus estragos en el monte Ficeo, donde se arrojaba sobre los pasajeros, les proponía enigmas dificilísimos, y al que no los sabía resolver lo despedazaba. Según Apolodoro, la Esfinge había aprendido el arte de formular enigmas de las Musas. Cuenta Aristófanes el gramático que Edipo mismo la llamó musa ya que era propio de las Musas el manejar las palabras con belleza, esto es, a través del canto. La Esfinge cantaba sus enigmas, así lo afirma Pausanias. Sófocles la llama "cruel cantora". El acertijo, en la sencilla formulación de Apolodoro, habría sido: "¿Qué ser provisto de voz es de cuatro patas, de dos y de tres?". Semejante enunciación la encontramos en Diodoro Sículo, a saber: "¿Cuál es el que al mismo tiempo es un bípedo, un trípedo y un cuadrúpedo?". Una versión más elaborada es la que presenta Aristófanes el gramático: existe sobre la tierra un ser bípedo y cuadrúpedo, que tiene sólo una voz, y es también trípode. Es el único que cambia su aspecto de cuantos seres se mueven por tierra, aire o mar. Pero, cuando anda apoyado en más pies, entonces la movilidad de sus miembros es mucho más débil". Varios trataron de resolver el enigma de la Esfinge y fallaron, siendo muertos; entre ellos Hemón, hijo de Creonte. Ante tan angustiosa situación, el rey hizo una proclama a toda Grecia prometiendo que daría el reino, y a su hermana Yocasta en matrimonio, a quien resolviera el enigma de la Esfinge. Muchos vinieron de remotos lugares y fallaron en dar la solución, pero Edipo, el hijo perdido de Layo y Yocasta, lo interpretó correctamente. Según Aristófanes el gramático, estas habrían sido las palabras con que Edipo respondió a la Esfinge: "Escucha, aun cuando no quieras, Musa de mal agüero de los muertos, mi voz, que es el fin de tu locura. Te has referido al hombre, que cuando se arrastra por tierra, al principio, nace del vientre de la madre como indefenso cuadrúpedo y, al ser viejo, apoya su bastón como un tercer pie, cargando el cuello doblado por la vejez". Según Higinio, al escuchar la respuesta de Edipo, la Esfinge saltó desde el monte, que era su guarida, en busca de la muerte. Apolodoro afirma que no saltó desde un monte, sino desde la acrópolis de Tebas. Hay otros, como Eurípides, que señalan que no saltó, sino que fue el propio Edipo quien le arrojó montaña abajo. Como recompensa, Edipo se casó con la reina, su verdadera madre, y se convirtió en el regente de Tebas. Hay quien quiere suponer que la esfinge era hija natural de Layo, y que como su padre la amaba extremadamente, le dio conocimiento del oráculo que Cadmo había traído de Delfos. Después de la muerte de Layo, sus hijos se disputaron el reino, pues además de uno de legítimo había dejado otros de varias concubinas. Pero el reino, según el oráculo de Delfos debía pertenecer a uno de los hijos de Yocasta. Todos se dirigieron a la esfinge, que para probar cual de los hermanos poseía el secreto de Layo, les proponía cuestiones capciosas, y a los que ignoraban el oráculo les condenaba a muerte, juzgándolos inhábiles para suceder a su padre. Instruido Edipo por medio de un sueño, y habiéndose presentado a la esfinge fue declarado sucesor de Layo. Otros refieren que la esfinge, poco contenta de no haber tenido parte en el gobierno, se puso al frente de una cuadrilla de bandidos que cometían mil desórdenes en los alrededores de Tebas, lo que dio lugar a que la considerasen como un monstruo. Las garras del león denotaban su crueldad; el cuerpo de perro, los desórdenes de que era capaz una doncella de su carácter; sus alas, la agilidad con que se trasladaba de una parte a otra para sustraerse de las persecuciones de los tebanos; sus enigmas, los lazos que tendía a los pasajeros para atraerlos hacia las rocas y malezas del monte Ficeo, donde habitaba y de donde les era imposible escaparse por ignorar las salidas que ella conocía perfectísimamente. Edipo la redujo a sus atrincheramientos y la hizo perecer. Heródoto habla también de una Andro-Esfinge, a quien da una cabeza de hombre. "La Esfinge" se encuentra cerca de las grandes pirámides de Egipto, a unas cuatro millas de El Cairo, hacia el occidente y cerca la ribera del Nilo. En Egipto, a diferencia del mundo clásico (donde es femenina), la esfinge suele ser masculina y carece de los atributos y misterio de la griega, con lo que su parecido es puramente formal. Suele representar el poder de los dioses, y aparece entonces con la cabeza de los mismos: carnero de Amón, el halcón de Horus, etc. En los templos de Egipto había avenidas de esfinges cuyas cabezas correspondían al animal sagrado de la divinidad propietaria de cada uno de ellos. A menudo el rostro de la esfinge representa los rasgos fisonómicos de un faraón. Simboliza la fuerza y el poder del monarca sobre sus enemigos. Era de un tamaño extraordinario de modo que se duda si esta figura monstruosa ha sido cortada de una roca que la naturaleza haya formado en aquel lugar, lo que es muy verosímil, dado que las tierras de los alrededores se componen de arenas desleídas y unidas. Para aclararlo se ha probado excavarla, pero no se ha podido conseguir el objeto, porque se halla enterrada en la arena hasta el lomo. Es toda de una pieza y la materia muy dura. Los historiadores cuentan varias fábulas a cerca de esta figura, entre otras cosas dicen que ofrecía oráculos, pero esto era una artimaña de los sacerdotes, que habían abierto un canal debajo tierra, el cual terminaba cerca del vientre y cabeza de este monstruo y pasaban por dicho canal para dar las respuestas equívocas a los que iban a consultar al oráculo. Como el sonido de la voz aumentaba extremadamente en el hueco de esta figura y salía precisamente por la boca, producía un ruido espantoso que los antiguos creían que era la voz de la divinidad. Plinio refiere que había un gran número de esfinges en los lugares inundados por el Nilo para conocer el acrecentamiento de las aguas y Aben-Vaschia, autor célebre, es de la misma opinión. Esta no es ni más ni menos que antiguas descripciones de la famosa Esfinge de Gizeh, que tiene casi 55 metros de longitud y 20 metros de altura y data de la Dinastía IV (2613-2494 a.C.). En árabe Abul-Hol, "el padre de la tierra", es un león con cabeza humana y está situada frente a la gran pirámide de Keops, extendida en el suelo, con la cara vuelta hacia levante, tallada en la masa rocosa que quedaba de las canteras de piedra utilizada para la construcción de la Pirámide. En el Antiguo Imperio, representó la imagen del faraón, que unía la poderosa naturaleza felina con la inteligencia del hombre. Está cubierta con el nemes, tocado realizado con un lienzo sobre el que el faraón se ponía la peluca. Desde el siglo XVIII d.C., la esfinge de Gizeh ha sido tenida por una representación del dios Harmankhis, "Horus en el horizonte", aunque se trata de una representación del faraón Kefrén. Es la guardiana de la necrópolis, encargado de defenderla contra los eventuales asaltantes o contra las fuerzas maléficas. Es el símbolo de la fuerza soberana, protectora de los buenos y temible con los rebeldes. Así pues la esfinge egipcia, asimilada a Horus en el horizonte, es un símbolo bueno y protector muy diferente de su hermana la griega. La esfinge con motivo del sentido alegórico que los egipcios le daban, era pintada de dos modos: o bajo la forma de un monstruo que tenía el cuerpo de león y el rostro de doncella o bajo la figura de un león tendido sobre un lecho de justicia. La primera figura era para demostrar el acrecentamiento del Nilo y la segunda, representaba a Momplita, divinidad egipcia que mandaba las aguas y era como directora de las avenidas del Nilo. Estas figuras no son una prueba de que aquellos pueblos creyesen que se encontraban semejantes animales en ninguna parte del mundo, pues no representaban más que emblemas y caracteres sensibles que expresaban sus pensamientos, y las esfinges no significaban otra cosa que el estado en que se halla el Nilo, cuando inunda Egipto. Como éstas inundaciones acontecen en los meses de julio y agosto, cuando el sol recorre lo signos de Leo y Virgo, no es extraño que ideasen esta figura compuesta de la cabeza de una doncella y del cuerpo de un león, para denotar que el Nilo se sale de madre, cuando el sol recorre aquellos dos signos. Algunos han creído que de ahí derivó la costumbre en los egipcios, y después en los demás pueblos de Europa de hacer los conductos y las llaves de las fuentes con figura de cabeza de león. Los antiguos colocaban también esfinges delante de los templos, para dar a conocer que la ciencia de las cosas divinas se halla envuelta en misterios y enigmas, así largas avenidas de esfinges conducen a los templos egipcios de Karnak y Luxor. La daban igualmente por atributo la Prudencia y el Sol, a quien nada se oculta. Augusto tenía una Esfinge en su sello, con cuyo jeroglífico quería dar a entender que los secretos de los gobernantes deben ser inviolables. Diodoro asegura que en Etiopía, en el país de los trogloditas se encuentran verdaderas esfinges de una figura semejante a la que le dan los pintores, excepto que son algo más velludas. Estos animales por su naturaleza eran muy dulces y muy dóciles, de modo que aprendían fácilmente todo cuanto se les enseñaba. Hoy día la representación de las esfinges sirve de adorno en los jardines, etc.
 
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