Esmeralda
La superstición, desde tiempos muy remotos, ha atribuido a esta piedra virtudes milagrosas, entre otras, las de impedir los síntomas de la epilepsia y de romperse cuando el mal había llegado a tal estado de violencia que no podía ella vencerle o las de acelerar el parto cuando la ataban al muslo de la mujer que se hallaba en los momentos de parir. Finalmente, el polvo de la esmeralda curaba la disentería y las mordeduras de los animales venenosos.

