Espectro
Fantasma, figura sorprendente que se ve o cree verse. Algunos han creído que los espectros eran las almas de los difuntos que aparecían sobre la tierra; tal era la idea de los platónicos como puede verse en el Fedón de Platón. en Porfirio, etc. En general, la creencia en los espectros era muy común en el paganismo. Se habían establecido fiestas y varias solemnidades por las almas de los muertos a fin de que no espantasen con sus apariciones a los vivos. Los cabalistas, y los rabinos entre los judíos, no eran menos crédulos que los paganos, por lo que respeta a la aparición de los espectros y fantasmas. Lo mismo con poca diferencia se puede decir de los turcos y de muchas de las sectas del cristianismo. Las pruebas que los partidarios de esta opinión daban, son ejemplos profanos o sacados de la sagrada escritura. Baronio refiere un hecho que, según el cree, nadie puede dudarlo. Trata de la famosa aparición de Marsilio Ficino a su amigo Miguel Mercator; estos dos amigos habían convenido que, el que muriese primero, aparecería al otro, para instruirle de la verdad de lo que pasa en la otra vida. Algún tiempo después, ocupado Mercator en meditar sobre alguna cosa, oyó de repente una voz que le llamaba por su propio nombre; era su amigo Ficinio, a quien vio montado en un caballo blanco, pero que desapareció en el momento mismo que intentó nombrarle. La segunda opinión sobre la esencia de los espectros es la de aquellos que creen que no son las almas las que aparecen, sino la tercera parte de lo que se compone el hombre. Esta es la opinión de Teofrasto y de todos aquellos que creen que el hombre se compone de tres partes; a saber, alma, cuerpo y espíritu. Según ellos, cada una de estas partes vuelve después de la muerte al paraje de donde salió. El alma que viene de Dios vuelve a Dios; el cuerpo compuesto de dos elementos inferiores, de la tierra y el agua, vuelve a la tierra; y la tercera parte, que es el espíritu, estando compuesto de dos elementos superiores, el agua y el fuego, pasa a habitar el aire donde con el tiempo se disuelve como el cuerpo. Este espíritu, y no el otro, que pertenece a las apariciones, añade Teofrasto, lo hace ordinariamente en aquellos sitios y en aquellas cosas que más habían querido o gustado a la persona que animaba, cuyas impresiones quedaban todavía en el espíritu. La tercera opinión es aquella que atribuye las apariciones a los espíritus elementales. Los que participaban de ella, creían que cada elemento estaba lleno de un cierto número de espíritus, que los astros eran la morada de las salamandras o "salamandrias". El aire de las sílfides, el agua de las ninfas y la tierra la de los pigmeos. La cuarta opinión consideraba como espectros las exhalaciones de los cuerpos que están en putrefacción. Los partidarios de esta hipótesis creían que las exhalaciones, condensándose más con el aire de la noche, podían representar la figura de un hombre muerto. Esta filosofía no es nueva. Se hallan vestigios de ella en los antiguos y sobre todo en laTróada, de Séneca. Finalmente la quinta opinión atribuye la aparición de los espectros a operaciones diabólicas. Los que las seguían suponían la verdad de las apariciones como un hecho histórico del que no se puede dudar, pero creían que era obra del demonio, quien formando un cuerpo del aire, se servía de él para sus diversos designios. Sostenían que éste era el medio más conveniente y menos embarazoso para explicar las apariciones.

