Escauro

Marco Emilio (Marcus Aemilius Scaurus) (ca.160-89 a.C.). Político y abogado romano. Su familia era patricia, pero atravesaba una mala época y Escauro tuvo que trabajar tan duramente como un "hombre nuevo" para ser elegido para un puesto en el Senado. Edil curul en 122 y pretor en el 119. Apoyado por el poderoso clan de los Metelos (se había casado con Cecilia Metela, hija de Metelo Delmático, que le dio dos hijos), Escauro fue elegido cónsul para el 115 con Metelo como colega. Derrotó a Rufo, Rutilio y ambos se enzarzaron inútilmente en mutuos procesos por soborno del electorado. Durante su consulado, Escauro humilló al pretor Subulo, Decio, que había procesado al victorioso Opimio. Obtuvo una victoria sobre los ligures por la que se le concedió un triunfo y comenzó la gran vía Emilia a través de la Galia Cisalpina. Fue nombrado Princeps del Senado por los censores (uno de ellos era su suegro), quizá injustamente, ya que había patricios vivos de mayor edad que él. Se convirtió en el líder efectivo de los Metelos en el Senado y presidió el tribunal para investigar la corrupción senatorial, creado por el tribuno Mamilio Limetano, a pesar de que él mismo había dirigido una embajada en el 112 para negociar con Jugurta. Escauro también había servido como legado del cónsul Bestia en las infructuosas campañas de este contra Jugurta en el 111. Fue censor en el 109, pero tuvo que dimitir tras la muerte de su colega Druso, Marco Livio. En el 104 sustituyó a Saturnino al frente del suministro de grano barato y en el 100 propuso al Senado la necesidad de una "resolución extrema" contra Saturnino y su muchedumbre. Hacia 95 marchó a la cabeza de una embajada a Asia, que sufría la rapacidad de los gobernadores y hombres de negocios romanos: parece que esto condujo al gobierno comprensivo de Escévola, Quinto Mucio. En el 92 y de nuevo en el 90, Escauro fue objetivo de Cepión, Quinto Servilio, enemigo de Druso, Marco Livio, a quien Escauro apoyaba ahora en un intento de reconciliar a los itálicos, pero consiguió escapar a la acusación. En el 90, el tribuno Q. Varo, que había creado un tribunal para castigar a los que hubieran negociado con los itálicos, llevó a Escauro ante este tribunal, pero Escauro pronunció un hábil discurso que silenció a Varo (Ver, Plaucio Silvano, Marco, tribuno del 89 a.C.). Escauro murió siendo un hombre rico, habiendo ganado su fortuna mediante los negocios más que mediante el saqueo: sus métodos pudieron no ser siempre honestos y aceptó un soborno de Jugurta, pero no fue nunca condenado por ningún crimen. A pesar de su venalidad, desplegó grandes talentos administrativos; hizo promulgar una ley mutuaria y abrió un canal de Parma a Piacenza para desecar los pantanos inmediatos. Fue autor de dos leyes una lex Aemilia sumptuaria y una lex Aemilia de libertinorum sufragiis. Tanto Cicerón como Salustio se refieren a él con cierta frecuencia, especialmente por sus cualidades en la oratoria. Escauro fue un hombre poderoso que, según Cicerón, "casi gobernó el mundo con una inclinación de cabeza", escribió una autobiografía que no pervivió mucho tiempo. Salustio lo describe como un desvergonzado buscador de poder.
 
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