Esponsales
Entre los romanos se celebraban unas veces de noche, y otras al amanecer, teniendo siempre la precaución de no hacerlos durante los temblores de tierra o en día tempestuoso o nublado. El desposado daba varias arras a la desposada y le enviaba un anillo de hierro sin piedra preciosa, llamado pronubum. Estaba prohibido a los contratantes pronunciar sus verdaderos nombres. El desposado tomaba el de Caio y la desposada el de Caia, en memoria de C. Cecilia, mujer de uno de los hijos de Tarquino, tan recomendable por su virtud, que se le erigió en el templo de Semo Sancas una estatua que llevaba sandalias y tenía un huso, para manifestar que la esposa debía guardar la casa y entregarse a las ocupaciones propias de su sexo. Los esponsales precedieron después al matrimonio propiamente dicho, y sólo se rompían cuando había un motivo serio que impedía el proyecto conyugal. Ver, Matrimonio romano.

