Carras
(Batalla de). Se celebró junto a la ciudad de Charain o Harrán en Mesopotamia, mencionada en la Biblia, pues fue residencia de la familia de Abraham después de su emigración de Ur. En 55 a.C., un decreto del Senado romano dio la provincia de Siria a Marco Licinio Craso. El más rico de los romanos, el que había sofocado la rebelión de Espartaco, estaba dispuesto a superar a Pompeyo y al mismo Alejandro, pues (según el biógrafo Plutarco) "quería llegar hasta la Bactriana, el Indo y el Mar Exterior". Y Craso hizo la guerra. Su expedición contaba con más de 40.000 soldados. En un acto de clara violación del antiguo tratado romano-parto, cruzó el Éufrates. Los pocos partos que le opusieron resistencia fueron fácilmente aniquilados. Orodes, rey parto, tuvo noticia de la invasión romana: la primera. Craso, después de esta expedición victoriosa, volvió a Siria. Instalado en Antioquía se dedicó a preparar la expedición siguiente buscando en primer lugar el apoyo de los reyes locales. El rey de Armenia fue el primero en responder afirmativamente. Y también el de la Oshroene. Todo parecía favorable a los romanos y a Craso. Pero los partos se preparaban para dar una respuesta adecuada. Surena atacaría a las legiones de Craso y Orodes invadiría la Armenia para evitar la ayuda a los romanos. Según Plutarco, el rey parto envió un mensaje a Craso: "Si el ejército romano ataca a los partos, será la guerra, la guerra sin piedad. Pero, si como yo creo, Craso actúa contra la voluntad de su pueblo y en su propio interés, el rey Orodes será moderado y tendrá benevolencia hacia la vejez de Craso... ". Craso contestó: "Haré conocer mi respuesta cuando me halle en Seleucia". De Armenia llegaron algunos refuerzos. Y noticias y consejos que recomendaban a Craso pasar por Armenia para invadir el territorio parto. Craso rehusó seguirlos. La marcha se hizo a través de la Mesopotamia. Un terreno árido, seco, de calor asfixiante, expuesto a los engaños y a los errores de itinerario. Y el enemigo no se hacía presente jamás. Apareció en medio de una tormenta de arena, y una nube de flechas enemigas desbarató y desconcertó a los romanos. El segundo encuentro fue desastroso y concluyente. El hijo de Craso, cercado, se quitó la vida. Los partos le cortaron la cabeza. Craso intentó huir, al día siguiente. En el camino, en una colina, apareció el ejército parto de nuevo le ofreció la paz y la vida a cambio de abandonar la Mesopotamia. Finalmente, Craso murió a manos del ejército parto y su cabeza y mano derecha se presentaron como trofeos ante el rey Orodes, junto con los estandartes, águilas de las legiones. Roma había sufrido en las cercanías de la pequeña localidad de Carras, Mesopotamia, la primera gran derrota en Oriente. En el curso del tiempo, otras habrían de seguir. Pero sobre todo, había recibido el primer aviso de que los partos o sus sucesores, los sasánidas, eran sus enemigos más difíciles, los únicos que podían oponerse en condiciones de igualdad a la estructura y organización romanas. Ello haría decir al panegirista: "los persas, nación poderosa y sólo después de Roma, la segunda". La muerte de Craso, la afrenta sufrida, debía ser vengada por los romanos. César y Pompeyo eran los hombres disponibles en Roma para tal acción. César murió preparando una gran expedición contra los partos. Esta vez iba a ir por Armenia. Pero no llegó a realizarse y los romanos no olvidaron nunca la derrota sufrida ante los partos. Hoy, Harrán o Haran, Iraq. Ver, Sinnaca.

