León

Corresponde al signo jeroglífico "mai o ru". El león fue representado en la escritura jeroglífica mediante dos signos diferentes: erecto, como "mai", y recostado, como "ru", si bien desde el punto de vista iconográfico cualquiera de los dos podía representar los principales aspectos del papel simbólico de este animal como centinela protector o animal solar. A nivel formal, las características del león hacían de él un poderoso símbolo de defensa. Así, los pestillos de puertas tenían cabezas de león esculpidas para reforzar su función protectora, y en las canalizaciones de los techos de templos egipcios se ponían gárgolas con cabeza de león para desviar y someter el poder de las tormentas. Debido en gran parte a esta carga simbólica, también a las sillas, tronos y camas se les dio la forma de protectores leones de pie. El león sentado o recostado también tenía una función defensiva, como puede verse en pinturas funerarias y esculturas, y estaba vinculado estrechamente a su significado de animal solar. Bajo el nombre de Hor-em-ajet, el dios Horus asumía forma leonina como la divinidad del sol naciente y, aunque la identificación de este dios con la esfinge de cabeza humana fue posterior, es posible que este animal compuesto tuviera en su origen significado solar. De esta manera, la gran esfinge de Guiza podría retratar a so construtor, Kefrén, como el dios sol, y asumir a la vez sus funciones de guardián de la necrópolis del rey. A las esfinges recostadas, como representaciones deI monarca, se les añadió, en ocasiones, antebrazos y manos humanos para adecuarlas a contextos de ofrenda, y con frecuencia se sustituía la cabeza entera del animal por la del rey portando los atuendos reales afnet o nemes que se parecían mucho a la melena del león, como en la esfinge de granito rojo de Amenemhet II. Al menos desde la Dinastía V, y en especial durante la etapa de expansión del Imperio Nuevo, el monarca también fue representado en una forma heraldica y de ataque de la esfinge, es decir, pisoteando agresivamente a sus enemigos derrotados. A nivel cósmico, el dios Aker fue una antigua divinidad león que guardaba las puertas del horizonte, a través de las cuales entraba y salía el sol del mundo cada día. El león Aker fue representado, pues, como una línea de tierra con una cabeza de león en cada extremo, aunque a menudo los dos aspectos de la divinidad se representaban separadamente como dos leones espalda contra espalda (algunas veces denominados sef y duau, "ayer" y "mañana") que portaban la imagen del disco solar. Así es como aparecen en una viñeta de una copia en papiro del Libro de lo que hay en el Mundo Subterráneo perteneciente a la Dinastía XXI. Los egipcios también utilizaron este motivo en obras de arte tridimensionales; una buena muestra de ello son los dos leones que yacen de espaldas flanqueando la figura de Shu, dios del aire, en el reposacabezas de Tutanjamón. Shu sostiene el reposacabezas, del que la cabeza del rey se alzaría tras el sueño, simbolizando al propio sol naciente. Los leones recostados cumplen una función apotrópica protegiendo al durmiente, y conectan con la imaginería solar del león al reflejar la forma del jeroglífico del horizonte.
 
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