Avefría
Corresponde al signo jeroglífico "rejyt". El avefría (Vanellus vanellus) apareció en el arte egipcio desde los primeros tiempos. En la "Cabeza de Maza de Escorpión" de Hieracónpolis (ca.3.000 a.C.), este pájaro, que se reconoce por su cresta distintiva, ya era utilizado con significado simbólico, al parecer representando a los pueblos cautivos del Bajo Egipto. En la base de la estatua de Djoser, rey de la Dinastía III, la imagen del avefría aparece en una forma más desarrollada, idéntica a la del jeroglífico. En esta obra, los pies del rey están colocados de forma sólida sobre la representación gráfica de los "Nueve Arcos", que simbolizaban a los enemigos extranjeros, mientras que delante de los pies, una hilera de avefrías representa a los pueblos dominados de la propia tierra del rey. Aunque el monarca no coloca los pies directamente sobre ellos, se puede observar que las alas de los pájaros están torcidas en una posición forzada, una contra la otra, inmovilizadas e incapaces de volar. Los pájaros capturados aparecen atados de esta manera en pinturas de cacerías, lo que confiere verosimilitud al sentido simbólico del control de los súbditos por parte del rey. Sin embargo, durante el Imperio Nuevo, el motivo de la avefría encuentra un modo de expresión más positivo. La imagen de los pájaros atados es transferida a los enemigos de Egipto, y a partir de la Dinastía XVIII, se encuentra en relieves de templos y en tejas vidriadas usadas para decorar los muros de los palacios reales. En estas representaciones el pájaro aparece con frecuencia en la posición del signo, pero con brazos humanos en acto de alabanza. En la vemos al ave sentada de forma típica, en posición erguida, sobre un cesto decorado, y con una estrella de cinco puntas ante su pecho. En este ejemplo el avefría es parte de una declaración simbólica: el propio pájaro significa el pueblo de Egipto, el cesto es el jeroglífico neb "todo", y la estrella representa el verbo dua, "alabar". Así, el conjunto transmite el mensaje: "todo el pueblo alaba". En ocasiones, el avefría era sustituida por una personificación antropomórfica, resultando una figura humana con alas y su cresta, aunque el simbolismo era el mismo. En los relieves de los templos, el motivo del avefría se usó como banda decorativa que recorría las bases de los muros y las columnas, con los pájaros usualmente colocados a cada lado de un cartucho, en señal de alabar al rey. Sin embargo, en decoración de palacios, los azulejos o placas con este motivo pudieron añadirse a los frontales de los tronos, entradas a lo largo de las áreas de paseos procesionales, para dirigir su mensaje simbólico de alabanza directamente a la figura del rey. En la pequeña capilla dorada de Tutanjamón, el rey aparece con los emblemas propios de su condición y sostiene una avefría. El pájaro dirige su alabanza hacia el cartucho de su reina, la "Señora de las Dos Tierras", Anjesenamón, mientras la propia reina eleva las manos en señal de adoración hacia el monarca. Esta composición encierra un ciclo iconográfico completo: bajo el gobierno del rey, el pueblo alaba a la reina, y la reina alaba al rey.

