Garza

Corresponde al signo jeroglífico "bennu". La garza real (Ardea cinerea) se reconoce por su pico recto y largo, la doble pluma sobre su cabeza, y el mechón de plumas en el cuello, que también reproducen muchas representaciones. En la escritura jeroglífica este pájaro se encuentra en dos signos distintos: de pie, dando una zancada; o sentado y posado sobre su característica percha. Ambas formas jeroglíficas se encuentran en representaciones a gran tamaño, la primera en escenas naturalistas o simbólicas, y la segunda normalmente con connotaciones solares y del Más Allá. Así, se pueden observar garzas en escenas de pantanos y como objeto de adoración en pinturas de tumbas y en viñetas de papiros funerarios, como en la escena de la tumba de Irynefer perteneciente a la Dinastía XIX. En esta pintura, Irynefer se encuentra de pie, en una posición de respeto ante un gran fénix ubicado en una barca sagrada. Resultan evidentes las connotaciones solares de esta escena por el uso del disco solar sobre la cabeza del pájaro y en la popa del bote; se creía que el fénix representaba al ba o alma del dios sol, y durante el Período Tardío el jeroglífico de este pájaro se utilizó para representar directamente a esta divinidad. Como símbolo del sol, la garza fue el pájaro sagrado de Heliópolis, que se convertiría en la legendaria ave fénix de los griegos. Debido sin duda a su vínculo con el sol poniente y naciente, el fénix fue considerado como señor del jubileo real, la ceremonia de rejuvenecimiento del monarca que se realizaba treinta años después de su ascenso al trono. Esta asociación enlaza con la tradición griega del fénix resurgiendo de sus cenizas cada determinado tiempo. La garza, como el sol, emergió de las primeras aguas y su nombre egipcio, benu, probablemente derivaba del término ueben, "alzarse" o "brillar". Este majestuoso pájaro zancudo también fue asociado a la inundaci¢n del Nilo; de pie, sola sobre rocas aisladas o elevaciones de tierra entre las aguas, la garza representaba con acierto la primera vida aparecida en el montículo primigenio que emergió ascendido de entre el caos del agua de la creación original. Este montículo fue probablemente el origen del "benben", la piedra sagrada de Heliópolis de forma piramidal o cónica, asociada también con el fénix, que aparece representada en el jeroglífico de la garza posada. Este signo se utilizó como determinativo en la palabra "bahi", "ser inundado" y en muchas representaciones como símbolo de renacimiento. A la garza, como al ibis, también se la consideró una manifestación de la resurrección de Osiris, y así en muchas representaciones este pájaro aparece posado sobre un sauce sagrado. En pinturas astronómicas la garza puede significar "Dja", "el que cruza", el nombre egipcio para el planeta Venus, y en otros contextos este pájaro se usaba a veces como símbolo del Alto Egipto.
 
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