Escarabajo pelotero

Corresponde al signo jeroglífico "jeper". En Egipto habitan varias especies de escarabajos peloteros, aunque la más comúnmente representada en el antiguo arte egipcio fue el gran escarabajo sagrado (Scarabaeus sacer). Este animal es conocido por su habilidad para hacer rodar las bolas de excrementos por el suelo antes de depositarias, como fuentes de alimentos para sus larvas, en túneles subterráneos. Debido a que los pequeños escarabajos parecen surgir espontáneamente de estos túneles, los egipcios los adoraban bajo el nombre de Jepri, "el que devino" o "el que vino a ser", y los relacionaban, desde los primeros tiempos, con el dios creador Atum. Las protuberancias de la cabeza del escarabajo pelotero, parecidas a los rayos, y su hábito por empujar una bola de excrementos ante sí, sugirieron también un simbolismo solar; y se creyó que el dios Jepri hacía rodar, de la misma manera, el disco solar a través del cielo. Esta asociación fue con frecuencia reflejada en el arte egipcio, sobre todo en objetos elaborados para los reyes cuyos nombres incluían el jeroglífico jeper y el dios sol Ra, tal y como puede verse en varias piezas de la tumba de Tutanjamón, uno de cuyos nombres -el denominado prenombre era Nebjeperura. Por una coincidencia en los cánones de la escritura egipcia, este nombre del rey se escribía de tal manera que daba la sensación de que el escarabajo empujaba al signo del sol ante sí. Este detalle se puede observar en la caja de espejo en forma de anj, una caja de cartucho doble, y varios brazaletes y pectorales y otros objetos, todos pertenecientes a la tumba de Tutanjamón, que muestran el motivo del escarabajo solar en una especie de juego visual sobre el nombre del rey. Al escarabajo también se le representaba empujando al disco lunar u "Ojo de Horus" izquierdo. En el antiguo Egipto se elaboraron millones de escarabajos de piedra y fayenza que iban desde la estilización hasta el mayor naturalismo, en forma de sellos y amuletos. Los primeros llevaban grabado el nombre o la marca de su propietario, y los segundos se elaboraban con la imagen de un dios o el nombre de un gran rey (especialmente alguno cuyo nombre de trono incluyera el signo jeper, como Thutmosis III -Menjeperra o Amenhotep II -Aajeperura-). Amenhotep III utilizó las bases de las piezas mayores con fines histórico-conmemorativos, y erigió también un gran escarabajo de granito en un zócalo ante el lago sagrado de Karnak. Tales representaciones de escarabajos a gran escala se han hallado en el contexto de varios templos y tumbas. Así, en la tumba de Petosiris sita en Hermópolis, y perteneciente al Período Helenístico, se encuentra un gran escarabajo pelotero, equiparado a Osiris-Jepri, sobre un pedestal coronado y flanqueado por las diosas del Alto y el Bajo Egipto. Finalmente, desde el Imperio Nuevo, el corazón del difunto, que la momia conservaba, recibió la ayuda del denominado "escarabajo del corazón", que fue ideado para ser pesado contra la pluma de la verdad en el juicio final. Este escarabajo llevaba a menudo una inscripción del capítulo 30 del Libro de los Muertos, que incluía las palabras: "¡Oh, mi corazón ... No permanezcas como un testigo en mi contra!". Ver, Kheperer.
 
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