Euticus
Cuando Augusto salió de Roma para ir a dar la batalla de Accio, la primera cosa que encontró fue un hombre que tocaba un asno. El hombre se llamaba Euticus, afortunado, y el asno Nicón, vencedor. Tomó este encuentro por una señal de su futura victoria, y después de haberla alcanzado, hizo edificar en el mismo lugar en que había estado su campo, un templo en el que puso la figura del asno y el borriquero. Ver, Presagios.

