Necromancia

Adivinación por la cual se pretendía evocar a los muertos para consultarles lo venidero. Estaba muy en boga entre los griegos y principalmente entre los tesalios. Rociaban un cadáver con sangre caliente y luego creían recibir respuestas ciertas sobre el futuro. Los que consultaban debían haber hecho antes las expiaciones prescritas por el mago que presidía esta ceremonia, y sobre todo haber apaciguado con algunos sacrificios los manes del difunto, el cual sin estos preparativos permanecía sordo a todas las preguntas. Dedrio distingue dos especies de necromancia: una la que usaban los tebanos, y consistía en un sacrificio y un encanto cuyo origen se atribuye a Tiresías; la otra la de los tesalios. Puede consultarse la necromancia de la Odisea, y la de Farsalia, para tener una idea de los ritos y ceremonias que se empleaban en las evocaciones. Lucano cuenta treinta y dos. No está fuera de lugar el referir la distinción que hacían los antiguos entre cuerpo y alma, y lo que los magos pretendían evocar. Esta especie de imagen era lo que los griegos llamaban eidolon, y era el simulacro que descendía a los Campos Elíseos. Ulises vio en ellos la sombra de Hércules, mientras que este semidios estaba en el Olimpo con los inmortales. En la Tesprotia, en las riberas del Aqueronte había un oráculo de los muertos. Este oráculo es propiamente lo que dio a Homero la idea de la necromancia de la Odisea. Plutarco nos da cuatro ejemplos de la evocación de las almas de los muertos. Ver, Adivinación.
 
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