Loto

Corresponde al signo jeroglífico "sechen". En Egipto había dos especies autóctonas de lotos o lirios de agua, el blanco (Nymphaea lotus) y el azul (Nymphaea cerulea). La primera es reconocible por sus capullos y pétalos redondeados, mientras que la segunda tiene los capullos más puntiagudos y los pétalos estrechos. Una tercera especie, no emparentada con las anteriores, el loto rojo o rosa (nymphaea nelumbo), fue introducida desde Persia durante el Período Tardío. La parte inferior del tallo de todos ellos es comestible. Las dos primeras fueron representadas en el arte clásico egipcio y la tercera aparece con frecuencia en monumentos helenísticos. De las tres, el loto azul sagrado fue la más representada y en ella se basa el jeroglífico. Se encuentra con frecuencia en los monumentos egipcios a Isis sentada sobre una flor, llamada comúnmente la flor de loto. Plutarco dice que los egipcios pintaban al sol naciendo de aquella flor. En efecto, se encuentra también sentado en ella un joven con una corona radial; no porque creyesen que el sol hubiese nacido así, sino porque representaban alegóricamente la mayor parte de las cosas. El loto es una planta acuática, que trae una cabeza y una semilla casi semejante a la amapola. Se hace muchas veces mención de ella en los misterios de los egipcios, a causa de la relación que los pueblos creían tenía con el sol, al cerrarse por la noche y sumergirse bajo el agua, y emerger y abrirse de nuevo al amanecer, siendo un símbolo natural del sol y de la creación; fenómeno muy común por otra parte, a todas las clases de nymphaea o plantas acuáticas. Según un mito hermopolitano, un lirio gigante nació de las aguas primigenias, y de él emergió el propio sol. El concepto del joven dios sol apareciendo como un niño sobre un loto se encuentra en el capítulo 15 del Libro de los Muertos, y aparece a menudo en el arte egipcio en la figura del dios Nefertem, "Señor de los Perfumes", que simbolizaba el fragante loto. Asimismo, como símbolo de renacimiento, el loto estuvo estrechamente relacionado con la imaginería del culto funerario: los cuatro hijos de Horus pueden representarse, en ocasiones, sobre una flor que emerge de un estanque ante el trono de Osiris, y el capítulo 81 del Libro de los Muertos incluye ensalmos para "transformarse en flor de loto", es decir, la realidad de resurrección. Estas concepciones quedan reflejadas en el pequeño busto de madera de Tutanjamón, que muestra la cabeza del joven rey surgiendo de una flor de loto azul para una vida renovada. El loto, como la flor más hermosa de Egipto, también aparece en incontables escenas de ofrenda y en muchas pinturas de banquetes en tumbas del Imperio Nuevo, donde la flor se representa con frecuencia sobre jarras de vino, pues quizá su extracto se sirviera mezclado en el vino por sus cualidades ligeramente narcotizantes. Polibio dice que cuando el fruto está maduro, se hace secar, y se muele con el trigo. Moliéndole con agua, se saca un licor que tiene el gusto de vino mezclado con miel. Este es el licor que pareció tan agradable a los compañeros de Ulises. También en el Imperio Nuevo, el loto se utilizó también como símbolo del Alto Egipto y como modelo favorito en el diseño de cuencos, copas y otros objetos, como se ve en la lámpara de alabastro de Tutanjamón, que representa una planta de loto con sus hojas, flores y capullos creciendo en el lecho de un estanque. La flor de loto estaba consagrada también a Apolo y a Venus, pues algunas veces se encuentra en sus estatuas. Hay otra clase de lotos que nuestros botánicos llaman persea, que crece en las cercanías del gran Cairo y en la costa de Berbería, tiene las hojas muy semejantes al laurel, pero un poco mayores; su fruta es de la figura de una pera, encierra una especie de almendra o hueso y tiene el gusto de la castaña. La hermosura de este árbol siempre verde, el olor aromático de sus hojas, su semejanza a una lengua, y la de su hueso a un corazón, son el origen de los misterios que los egipcios le han atribuido, pues lo habían consagrado a Isis y ponían su fruto sobre la cabeza de sus ídolos, algunas veces entero, y otras veces abierto para enseñar la almendra. En las imágenes de la flor de loto se observa una cuidadosa atención en los detalles naturales, que raya con la observancia de las convenciones iconográficas, a la hora de representar su orientación. Allí donde se pretendía recrear a la flor creciendo en su hábitat acuático (como en los capiteles de las columnas de templos y en escenas simbólicas de creación y renacimiento), se reproduce al loto erguido, en su posición flotante. Como elemento puramente decorativo (en pectorales, frisos arquitectónicos, etc.), aparece normalmente en posición invertida, y en escenas de banquetes y ofrendas en las que el loto tenía de hecho una función se representa, como en el jeroglífico, con la flor colgando hacia un lado bajo su propio peso.
 
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