Azada

Corresponde al signo jeroglífico "henen". La azada egipcia era un apero simple, pero efectivo, que constaba de un largo mango de madera y una cuchilla en forma de pala unida a su extremo superior; ambas mitades estaban reforzadas por una cuerda tensada en el centro. Este implemento aparece en muchas pinturas de tumbas en su uso cotidiano normal. Puesto que constituía el primer paso del proceso agrícola, el acto de arar la tierra asumió importantes implicaciones simbólicas. Así, la azada, como símbolo de fertilidad, aparece ya en la "Cabeza de Maza de Escorpión"; y dentro de los mitos y ceremonias, el rito de arar la tierra podía aludir específicamente a la muerte del dios Osiris, al cual se enterraba cada año simbólicamente en forma de grano sembrado. Esta expresión ritual de la muerte del dios también se podía aplicar al fallecido, el cual con la muerte devenía un "Osiris". En este sentido, el primer capítulo del Libro de los Muertos contiene la siguiente declaraci¢n: "Yo he recibido la azada el día de arar la tierra", seguida por el deseo: "Puedas tú hacer que entre el alma perfecta ... en la casa de Osiris". De esta manera, arar la tierra fue uno de los ritos simbólicos incluidos en los actos funerarios. En la tumba de Rejmira en Tebas se observa este rito junto al emplazamiento de pequeños obeliscos funerarios ante la entrada de la tumba. La ceremonia funeraria de arar la tierra parece que era muy antigua, ya que se menciona en numerosos pasajes de los Textos de las Pirámides del Imperio Antiguo. En ellos este ritual aparece repetidamente en relación con la entrega de ofrendas y libaciones al rey fallecido, como en la declaración 1.394-1.395, que dice: "La tierra es arada por la azada, la ofrenda es presentada... ¡Oh, Geb (dios de la tierra), abre tu boca para tu hijo Osiris!". Este ritual perduró con probabilidad a través de la historia egipcia, y en varias representaciones funerarias del Período Tardío aparecen figuras con azadas, flanqueadas por dos diosas que vierten agua (¿libaciones?) sobre la escena. También hay dos esferas parecidas a discos solares, con lo cual la composición contiene tierra, agua y sol, los tres elementos esenciales para el simbolismo egipcio de la resurrección. Este motivo se acompaña casi siempre de otros símbolos de resurrección y de la otra vida, ilustrando así, sin duda, el acto funerario de arar la tierra. La azada también era un atributo regular de las uchebtis, las figuritas momiformes que se colocaban en las tumbas para realizar los trabajos que se le encomendaran al difunto en el otro mundo. Estas figuras de sirvientes fueron ideadas para proteger al difunto en la otra vida de posibles prestaciones personales relacionadas con el cultivo de los campos, la limpieza del sedimento de los canales, etc. A principios del Imperio Nuevo, las uchebtis fueron provistas de pequeñas herramientas e implementos, como la azada, para realizar estas tareas. Con el tiempo, estos aperos -y especialmente la azada- se pintaron o modelaron en la propia figura, y así la uchebti en la clásica postura de sostener una azada -idéntica al jerogl¡fico- en cada mano llegó a ser un modelo casi invariable.
 
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