Honor
Virtud divinizada por los romanos. Queriendo Marcelo, dice Plutarco, hacer edificar un templo a la virtud y al honor, consultó a los pontífices sobre este piadoso designio, los cuales le respondieron que un templo sería siempre pequeño para dos divinidades tan grandes. Hizo pues construir dos, pero cerca el uno del otro de modo que se pasase por el de la Virtud para llegar al del Honor, queriendo significar con esto que no se podía adquirir el verdadero honor sino con la práctica de la virtud. Se sacrificaba al Honor con la cabeza descubierta, al modo que un hombre se descubre delante de las personas que honra. En los idus de julio los caballeros romanos se reunían en el templo del Honor desde donde se trasladaban al Capitolio. Se ve representada esta divinidad en las medallas, bajo la figura de un hombre que tiene en la mano derecha una pica, y el cuerno de la abundancia en la otra, o bien, en lugar de la pica, un ramo de olivo, símbolo de la paz. En las medallas de Tito, príncipe que ponía su felicidad en procurar la paz y la abundancia a su imperio, se representa al Honor de esta manera. Los artistas posteriores lo representan por un guerrero noble y fiero, que trae una corona de palma. Va adornado de una cadena de oro, y armado de una lanza y escudo, sobre el cual se ven pintados los dos templos del Honor y la Virtud, con esta divisa: Hic terminus hoeret: aquí está su término.

