Execesto
Tirano de los foceos o focenses, que tenía dos anillos de los cuales se servía para conocer lo venidero. Frotándoles el uno contra el otro, pretendía adivinar con el sonido lo que debía hacer y lo que debía sucederle. Este maravilloso talismán, que le había señalado el tiempo de su muerte, no le proporcionó el medio de sustraerse de ella. Aristóteles.

