Expiación

Ceremonia religiosa con que se pretendía purificar a los culpables y a los lugares profanos. Las había de varias especies y cada una tenía sus ceremonias particulares. Las principales eran las que se hacían para el homicidio, los prodigios, las ciudades, los ejércitos y los templos. La primera iba acompañada, en los siglos heroicos, de solemnes y enfadosas ceremonias. Cuando el asesino era de alto rango, los mismos reyes no desdeñaban hacer la ceremonia. Así Euristeo expió a Copreo, que había matado a Ifiso; Adrasto fue expiado por Creso, rey de Lidia; Hércules por Ceix, rey de Trachina; Orestes por Demofoón, rey de Atenas; Jasón y Medea, por Circe. Apolonio de Rodas ha escrito, muy detalladamente, las ceremonias de esta última expiación; pero no todas son iguales. Aquiles, después de haber matado al rey de los Lélegos, se contentó con lavarse en agua corriente. Eneas no se atreve a llevar los dioses penates hasta haberse lavado en algún río. Las ceremonias romanas eran diferentes de las de los griegos. Cuando Horacio fue absuelto después de haber matado a su hermana, los pontífices elevaron dos altares, el uno a Juno protectora de las hermanas, y el otro al genio del país. Se ofrecían en estos altares muchos sacrificos de expiación, después de lo cual se hacía pasar al culpable por debajo del yugo. )o()o( Expiacion por los prodigios )o( Era esta una de las más solemnes entre los romanos. Al aparecer algún prodigio, el Senado, después de haber hecho consultar el libro de las sibilas, mandaba días de ayuno, de fiestas, lectisternos, juegos, preces públicas y sacrificios. Toda la ciudad estaba entonces envuelta en el luto y en la consternación, los templos adornados, los lectisternos preparados en las plazas públicas y los sacrificos expiatorios se reiteraban, para liberarse de los males de que se creían amenazados. Ver, Lectisterna. )o()o( Expiación para las ciudades y lugares particulares )o( En el calendario romano había días señalados para la expiación de Roma: éste era el 5 de febrero, en el cual se inmolaban para esto víctimas ambarbiales. Además de esta fiesta anual, había una cada quinquenio, y del nombre lustrare, expiar, se daba el nombre de lustro a un espacio de cinco años. Ver, Ambarvales, Compitales. )o()o( Expiación de los ejércitos )o( Expiación por los templos y lugares sagrados. Si algún criminal entraba en un lugar sagrado, quedaba éste profanado, y era necesario expiarlo. Desterrado Edipo de su país, se dirigió por casualidad a Atenas, y se detuvo en Colona, cerca del templo de las euménides, en un bosque sagrado. Los habitantes, sabiendo que era un criminal, le obligaron a que hiciese las expiaciones necesarias. Estas expiaciones consistían en hacer copos sagrados de lanas quitadas recientemente del vello de una joven oveja, en derramar agua pura y no vino, en verter del todo y de un solo golpe la última libación, volviendo el rostro hacia el sol: y ofrecer por tres veces nueve ramos de olivo (número misterioso), pronunciando una oración a las euménides. Edipo, a quien su estado hacía incapaz de ejecutar semejante ceremonia, la encargó a su hija Ismene. Además de estas expiaciones, las había para ser admitidos en los grandes y pequeños misterios eleusinos, en los de Mitra, en las orgías, etc. Las había por todas las acciones de la vida un poco importantes: las bodas, los funerales, los viajes, eran precedidos o seguidos de una espiación. Todo lo que era reputado de mal augurio, el encuentro de una comadreja, de un cuervo o de una liebre; una tempestad imprevista, un sueño, y mil otros accidentes obligaban, a recurrir a las expiaciones. Ver, Armilustrios.
 
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