Nacimiento
Día del. Este día se celebraba muy particularmente entre los romanos. Esta solemnidad se renovaba todos los años, y siempre bajo los auspicios del genio que se invocaba como una divinidad que presidía el nacimiento de todos los hombres. Se erigía un altar rodeado de hierbas sagradas, sobre el cual se inmolaba un cordero. Los parientes saludaban a los niños con mucha ceremonia y con estas palabras: Hodie, nale salve. Cada particular hacía ostentación aquel día de lo que había de más magnífico y precioso; las casas estaban adornadas con coronas de flores y todos se entregaban a la más completa alegría. Por fin los amigos no se descuidaban nunca de enviar regalos al que cumplía años. Se celebraba también a menudo en honor de aquellos grandes hombres, cuya virtud consagra la memoria, y a quienes la posteridad resarce de la injusticia de su siglo. La adulación no dejó de solemnizar la natividad de aquellos a quienes la fortuna había colocado en empleos eminentes, y que por los mismos distribuían los favores y los beneficios. El día del nacimiento de los príncipes estaba especialmente consagrado por la piedad o por la lisonja. Estos honores tuvieron también su contraste, y fueron puestos entre los días aciagos, los del nacimiento de aquellos que proscribía la tiranía, y los de los mismos tiranos.

