Genios

En la mitología romana, los Genii son unos seres inmanentes no sólo a cada individuo, sino también a cada lugar, a cada persona moral (sociedad, colegio, ciudad, etc.), cuyo ser espiritual simbolizan. Nacen con la persona o la cosa a la que van ligados, y tienen por misión esencial conservar su existencia. Les corresponde cierto papel, bastante misterioso, en la generación del individuo, y presiden las bodas. Hay un "genio" del lecho nupcial, dispensador de la fecundidad a la pareja. Como personificación del ser, el Genio personal es una fuerza interior generadora de optimismo. Una expresión proverbial del latín, "indulgere genio", "ceder a su genio", se aplica a toda complacencia a sus gustos, y más particularmente, por eufemismo, a los excesos en la bebida. Se pronunciaban juramentos por el genio propio o el ajeno. En la época del imperio, el Genio del Emperador era una potencia temible; poseía sobre los demás genios particulares la misma preeminencia que el Emperador sobre los hombres. Poco a poco, el genio fue identificándose con los Manes y llegó a considerarse como un elemento inmortal en la persona. Es tan grande la tendencia a distinguir un "genio" en todo ser, que incluso los dioses tienen el suyo. Se sacrificaba, por ejemplo, al Genio de Marte, al de Júpiter, etc. En las mujeres, el Genio es sustituido por una Juno (Ver, Juno). Ver, Demon.
 
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