Ajab

o Acab o Achab (siglo IX a.C.). Rey (ca.874-853) de Israel. Casado con la influyente Jezabel, hija del rey de Tiro, Itthobaal I. Su padre, Zimri-Omrí, que se había apoderado del trono tras la caída de las dos primeras dinastías del reino, lo había rescatado del caos y había modificado su política exterior y construido una nueva capital, Samaria. Cuando Ajab ascendió al trono israelí sufrió un ataque dirigido por Ben-Hadad II de Damasco, al frente de una coalición de 32 reyes. Ajab se quedó bloqueado en Samaria pero actuó con habilidad; salió de forma repentina de la ciudad, sorprendiendo a sus adversarios que estaban comiendo en ese instante. El resultado fue la dispersión de la coalición. Al año siguiente Ben-Hadad retomó la lucha, sufriendo una contundente derrota y hecho prisionero en Afeq. Ajab le concedió la libertad, posiblemente porque consideró que con este gesto podría atraerse la amistad de Ben-Hadad frente al nuevo peligro que amenazaba en el horizonte: Salmanasar III de Asiria. Salmanasar III, libró en Qargar (853) una batalla, indecisa, contra los arameos y otros confederados, entre ellos Ajab de Israel, que había participado con unos 2000 carros de combate y un total de 20.900 soldados. Ajab llegó a ser el rey de Israel que estuvo más cerca de recrear el gran reino de Salomón. Ajab mantuvo la paz con los fenicios, así como con Judá, con cuyo heredero Joram, casó a su hija Atalía. Extendió el poder israelita hasta Galaad y Basán (al este del Jordán) y, durante un tiempo, dominó tanto Judá como Moab, al este del Mar Muerto. No obstante, se vio involucrado en demasiadas guerras, sometió sus recursos a una presión excesiva y no llegó a decidirse entre mantener la tradicional enemistad entre Israel y Siria (un país con el que tenían constantes disputas fronterizas) o hacer causa común con ella para enfrentarse a Asiria. Si bien el reino de Israel progresó económicamente durante su gobierno, sembró la discordia al casarse con Jezabel, una extranjera, y permitir el culto a los dioses de su esposa (Baal), causando gran escándalo entre los sectores más conservadores, a la cabeza de los cuales se hallaba el profeta Elías. La arbitrariedad con que trataba a sus súbditos, como ocurrió en el caso de Nabot, contribuyó a exacerbar el descontento. Ajab consiguió que Judá se uniera a su reino para luchar contra Siria, pero, a pesar de acudir al combate disfrazado, fue abatido en Ramot de Galaad por un hombre "que disparó su arco al azar". Aunque dos de entre sus numerosos hijos fueron designados para sucederle, ocho años después de su muerte su linaje sería destronado y exterminado por un golpe de Estado encabezado por Jehú, uno de sus generales. Ver, Cronología de Israel, Omrides.
 
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