Amós

(ss. IX-VIII a.C.). Rudo pastor y guardabosques de Técoa que, hacia el año 750, realizó una incisiva y furibunda incursión en la vida pública de Israel y fue rápidamente expulsado de ella. No está claro si la Técoa de la que provenía era la que se encuentra en las proximidades de Belén, en Judá, u otra dentro del propio Israel. Fue el tercero de los llamados "Profetas Menores" y profetizó en tiempos de Azarías, rey de Judá, y de Jeroboam II, rey de Israel, época en que el lujo, vida licenciosa y la opresión de los pobres habían tomado carta de naturaleza. Amós, llamado por Yahveh, según cuenta el propio profeta, predicó contra aquellos desvíos. Penetrante observador de los hombres y de la naturaleza, Amós no era ningún patán, sino una persona bien informada que rebosaba indignación, pasión y severidad. Era uno de los más estrictos monoteístas y no se cansaba de proclamar que Jehová no sólo era el Dios de los hijos de Israel sino el único Dios existente. La voz de Amós era la voz de la calamidad. Tuvo cinco visiones en las que contempló las derrotas y desastres que caerían sobre Israel por haberse rebelado contra su Dios. En sus predicciones llegaba casi a profetizar una destrucción absoluta e inevitable, aunque dejaba abierta la posibilidad de que Dios salvara a un pequeño número de personas para perpetuar la estirpe de David. Sus denuncias eran tanto religiosas como sociales. El abandono de los viejos ritos y formas de culto le producía el mismo espanto que la destrucción de las pequeñas comunidades agrícolas autosuficientes de los israelitas. Odiando como odiaba cuanto veía a su alrededor, profetizó para todo ello un final catastrófico, y no se equivocó, pues algunos años más tarde, los asirios asolaron Israel hasta no dejar huella de él. Amós marcó la pauta que seguirían los profetas mayores, una pauta caracterizada por un tono calamitoso, mitigado no obstante por una ligera esperanza de salvación. A diferencia de Amós, que apenas si vislumbraba un atisbo de salvación, el profeta Oseas, que fue prácticamente su contemporáneo, se mostró menos pesimista y, a la larga, resultó más influyente. Declarado agitador por Amasías, el sacerdote del santuario de Betel, hubo de abandonar sus actividades proféticas al ser expulsado de Israel. De Amós ha llegado el Libro de su nombre, conteniendo cinco visiones simbólicas y oráculos contra diferentes ciudades y reinos. Su fiesta se celebra el 31 de marzo. Ver, Profetas.
 
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