Ordines

En los siglos I-II del Imperio romano, los estamentos u ordines eran unidades sociales, cerradas y corporativas, ordenadas por criterios jerárquicos, con funciones, prestigio social y cualificación económica específicos. La posición social elevada estaba determinada, sobre todo, por la pertenencia a uno de los tres ordines (senatorial, ecuestre o decurional), entre los que se reclutaban, de forma cerrada y jerárquica, las diferentes clases directoras de la sociedad y del Estado. Para ingresar en un ordo no era suficiente cumplir los presupuestos económicos y sociales exigidos a todo aspirante. Era necesario además un acto formal de recepción; tras él, la pertenencia al ordo correspondiente se expresaba mediante signos externos y títulos específicos (la franja de púrpura en la toga, el anillo de oro, asientos de honor en los espectáculos, ...).
 
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