Jézide
o Jecideo. Nombre que significa hereje entre los mahometanos. En este sentido, Jezideo es opuesto a musulmán. Algunos hablan de los jézides, como de un pueblo particular que habla una lengua diferente del turco y del persa, aunque se semeja algún tanto a la primera. Dicen que hay dos especies de jézides, blancos y negros. Los primeros no traían el cuello de sus camisas hendido: no tenía más que una abertura redonda para meter la cabeza, y esto en memoria de un círculo de oro y luz bajado del cielo en el cuello de su gran sheik, o jefe de sus sectas. Los jézides negros son fakires o religiosos. Los turcos y los jézides se aborrecen mutuamente, de modo que la mayor injuria que podía hacerse aun hombre en Turquia era llamarle jézide. Al contrario, los jézides amaban mucho a los cristianos, porque una de sus tradiciones decia que Jezide hizo en otros tiempos alianza con los cristianos contra los musulmanes. Bebían vino, y a veces en exceso, y comían tocino. No recibían la circuncisión, sino cuando los turcos les obligan a admitirla. Su ignorancia era extremada: no tenían ningún libro; sin embargo creían en el Evangelio y en los libros sagrados de los judíos, sin leerlos ni tenerlos. Hacían votos y peregrinaciones; pero no tenían ni mezquitas, ni templos, ni oratorios, ni fiestas, ni ceremonias, y todo su culto se reducía a cantar canciones espirituales en honor de Jesucristo, de la Virgen y de Mahoma. Cuando oraban se volvían hacia el lado del oriente, como los cristianos, mientras que los turcos miraban entonces al medio día: creían posible que el diablo se reconciliara con Dios, y lo miraban como ejecutor de su justicia en el otro mundo. De aquí se deduce que es un deber de religión el no maldecirlo, temerosos de que no se vengará. Así cuando hablaban de él le llamaban el ángel pavo; o el que los ignorantes maldecían. Los jézides negros eran reputados por santos, y no estaba permitido llorar su muerte; al contrario todos se alegraban y la mayor parte de ellos eran pastores. Les estaba prohibido matar por sí mismos los animales que debían comer, y dejaban este cuidado a los jézides blancos. Los jézides caminaban juntos como los árabes mudaban con frecuencia de residencia y habitaban debajo de tiendas negras hechas de pelo de cabra, y rodeadas de cañas, y de espinas atadas juntas. Disponían estas tiendas en círculo y ponían en medio a sus rebaños. Compraban sus mujeres, cuyo precio, fueran cuales fueren, era por lo común de 200 escudos. Les era permitido el divorcio, cuando tenía por objeto hacerse fakir. Era un crimen entre ellos afeitarse o cortarse la barba por poco que fuera. Tenían ciertas costumbres que parecían demostrar que descendían de los cristianos; por ejemplo en sus festines el uno presentaba al otro una taza llena de vino, y le decía: Tomad el cáliz de la sangre de Jesucristo. Este bajaba la mano del que le presenta la taza y bebía.

