Lago

Los galos tenían un respeto religioso por los lagos, a los cuales consideraban como divinidades, o por lo menos como lugares que éstas escogían para su hogar terrenal. Daban asimismo a los lagos el nombre de algún dios particular. El más celebre de todos era el de Tolosa al cual arrojaban el oro y plata que tomaban a sus enemigos. Había también en el Gevaudán, al pie de un monte, un gran lago consagrado a la Luna, donde se reunían todos los años los pueblos de la comarca, para arrojar a él las ofrendas que hacían a la diosa. Estrabón habla de otro lago muy célebre, en las Galias, llamado el Lago de los dos cuervos, porque dos de estos animales habitaban en él, y de los cuales se referían mil cuentos ridículos. Sin embargo, lo que parece ser cierto es que, en todas las querellas, ambas partes iban allí y cada una de ellas arrojaba a los cuervos una torta, y aquel que tenía la fortuna de que su ofrenda fuese comida primeramente, ganaba la causa.
 
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