Teseo

Teseo es el héroe del Ática por antonomasia, simétrico al héroe dorio Heracles, cuyas principales hazañas tuvieron por teatro el Peloponeso. Nuestras principales fuentes de su leyenda son su Vida, escrita por Plutarco, y las noticias de Apolodoro y Diodoro. Teseo pasaba por haber vivido una generación antes de la guerra de Troya, en la que participaron sus dos hijos, Demofonte y Acamante. Sea como fuere, es más joven que Heracles en una generación por lo menos, y algunas tradiciones asocian a los dos héroes en las grandes expediciones colectivas de la edad legendaria, la conquista del vellocino de oro (Ver, Argonautas) y la guerra contra las Amazonas. Pero se trata en este caso de armonizaciones artificiales destinadas a imponer a la leyenda una cronología inverosímil. )o()o( I.- Orígenes e infancia )o( Existen dos tradiciones sobre los orígenes de Teseo: la humana y la divina. La primera lo presenta como hijo de Egeo y Etra, que unió así en él la sangre de Erecteo y, por el padre de éste, Erictonio, la de Hefesto, con la de Pélope y Tántalo. Se contaba que Egeo, no logrando tener hijos de sus sucesivas esposas, había ido a consultar el oráculo de Delfos. La contestación del dios se había efectuado a través de unos versos oscuros, que prohibían "desatar el odre de vino antes de haber llegado a la ciudad de Atenas". No comprendiendo el significado de estas palabras, Egeo se había desviado de su ruta para ir a consultar al rey de Trecén, Piteo, uno de los hijos de Pélope. Piteo comprendió inmediatamente el sentido del oráculo. Se las arregló para embriagar a Egeo, y por la noche puso a su lado a su hija Etra. Egeo se unió a ella, y Etra concibió un hijo, que sería Teseo. Pero también se decía que éste era en realidad hijo de Posidón. La misma noche en que Etra se unió a Egeo, había ido, engañada por un ensueño que le había enviado Atenea, a ofrecer un sacrificio en una isla, donde había sido violada por Posidón, que le había dado un hijo. Este era el hijo que Egeo creyó que era suyo. Sea lo que fuere, Teseo pasó sus primeros años en Trecén, confiado a su abuelo Piteo. Egeo, que temía a sus sobrinos los Palantidas, no había querido llevarse el niño a Atenas. Al partir había ocultado una espada y un par de sandalias detrás de una gran roca, y había confiado este secreto a Etra recomendándole que no lo revelase al hijo que había de nacer hasta que el niño fuese lo bastante fuerte para mover la roca por sí solo y coger los objetos que había debajo. Entonces, calzado con estas sandalias y armado con la espada debía partir secretamente en busca de su padre, para evitar que los Palantidas tramasen su pérdida. Teseo tuvo por pedagogo a un cierto Cónidas, a quien los atenienses de la época histórica sacrificaban todavía un carnero la víspera de la fiesta de Teseo. Se contaba también en Trecén un rasgo revelador de la valentía del niño: un día en que Heracles era huésped de Piteo y había dejado su piel de león a su lado, los niños del palacio, creyendo que un león vivo había entrado en la habitación, huyeron dando gritos. Sólo Teseo, que a la sazón contaba siete años, había cogido un arma a uno de los criados y atacado al monstruo. Ya adolescente, Teseo se trasladó a Delfos, donde, siguiendo la costumbre establecida, ofreció su cabellera al dios. Pero en vez de cortarse el cabello del todo, se limitó a afeitarse la parte delantera de la cabeza, a la manera de los Abantes (pueblo belicoso mencionado en la Ilíada), instaurando así una costumbre atestiguada aún en época histórica. )o()o( II.- Regreso a Atenas )o( A la edad de dieciséis años, Teseo había alcanzado tal vigor, que Etra consideró que había llegado el momento de revelarle el secreto de su nacimiento. Lo condujo junto a la roca donde Egeo había ocultado la espada y las sandalias. El joven, de un empujón cambió la roca de lugar, cogió los objetos y decidió encaminarse a Atenas para darse a conocer. Acordándose de las recomendaciones de Egeo y deseosa de evitar todo peligro a su hijo, Etra le rogó insistentemente que tomase la ruta marítima para trasladarse de Trecén al Ática, y Piteo unió sus recomendaciones a las de Etra. Para ello pintó a Teseo todos los riesgos que le esperaban si seguía la ruta terrestre, a lo largo del istmo de Corinto. En efecto, en este momento Heracles se hallaba en Lidia, esclavo de Ónfale, y todos los monstruos que se habían escondido por miedo al héroe volvían a mostrarse y reanudaban sus depredaciones. El istmo estaba infestado de bandidos. Pero Teseo no quiso saber nada de estos consejos. Celoso de la gloria de Heracles, se propuso imitarlo. Dio muerte, sucesivamente, a Perifetes, en Epidauro, y se apoderó de su maza; al bandido Sinis, en Céncreas, que descuartizaba a los viajeros sirviéndose de un pino; a la cerda de Cromión, fiera que había matado ya a muchas personas y que pasaba por ser hija de Tifón y Equidna. La llamaban Fea, por el nombre de la vieja que la alimentaba. Teseo mató al animal de un sablazo. Llegado a las Rocas Escironias, exterminó al bandido Escirón. Luego luchó contra Cerción, en Eleusis, a quien dio muerte. Algo más lejos, acabó con Damastes, apodado Procrustes. Superadas todas esas pruebas, Teseo llegó al borde del Cefiso, donde se encontró cón hombres de la raza de los Fitálidas, que lo acogieron favorablemente y se prestaron a purificarlo de los asesinatos que había cometido. Una vez purificado, Teseo entró en Atenas el día octavo del mes de hecatombeón. En aquel tiempo, los asuntos de la ciudad se hallaban en la mayor confusión. Egeo estaba bajo el dominio de la maga Medea, que había prometido curarlo, por medio de hechizos, de su desoladora esterilidad. Teseo llegó precedido de una gran fama de destructor de monstruos, y Medea adivinó en seguida su verdadera personalidad. Pero Egeo, que ignoraba que este extranjero era su hijo, tuvo miedo. Medea no hizo nada para sacarlo del error, antes al contrario, lo persuadió a que invitara al joven a un banquete con el pretexto de honrarlo, pero en realidad para desembarazarse de él envenenándolo. Teseo aceptó la invitación y no quiso darse a conocer inmediatamente. Pero durante la comida sacó la espada que le había dejado su padre, como para cortar con ella la carne. Al verlo, Egeo vertió la copa del veneno, ya preparada, y reconoció oficialmente a su hijo ante todos los ciudadanos reunidos. Medea fue repudiada y desterrada por Egeo. Se contaba también que, antes de tratar de envenenarlo, Medea había intentado destruirlo enviándolo a luchar contra un toro monstruoso que asolaba el llano de Maratón y del cual se dice a veces que no era otro sino el toro de Creta conducido por Heracles al Peloponeso, de donde había escapado. Esta fiera lanzaba fuego por las narices. Teseo lo capturó, lo encadenó y lo ofreció en sacrificio a Apolo Delfinio. Este sacrificio, se decía, efectuóse en presencia de Egeo, y cuando Teseo, que no se había dado a conocer, sacó la espada para cortar los pelos de la frente del animal, conforme al rito habitual de la consagración, Egeo reconoció el arma que había dejado bajo la roca de Trecén. Esta versión del reconocimiento, incompatible con la citada anteriormente, se debía sin duda a la invención de algún poeta trágico. Durante la cacería del toro de Maratón se sitúa el episodio de Hécale, narrado por Calímaco en un breve poema célebre. Hécale era una vieja que vivía en una cabaña, en el campo. En su casa pasó el héroe la noche que precedió a la captura del toro. Hécale le asistió en la vela de las armas y se le mostró en extremo amable, ofreciéndole efectuar un sacrificio a Zeus si el joven volvía vivo de la aventura. Pero al regresar con la presa, Hécale había muerto, y su cuerpo estaba ya en la pira. Teseo instituyó entonces en su honor un culto a Zeus Hecalesio. Una vez reconocido oficialmente por su padre, Teseo hubo de luchar contra sus primos, los cincuenta hijos de Palante. Como quiera que Egeo había permanecido sin descendencia, los Palantidas esperaron recoger la sucesión. Pero al ver que con el retorno de Teseo la sucesión se les escapaba, se amotinaron y trataron de apoderarse del trono por la fuerza. Dividiéronse en dos grupos, y uno atacó la ciudad abiertamente desde Esfeto, mientras el otro se emboscaba en Gargeto con objeto de coger al enemigo por la espalda. Pero llevaban consigo un heraldo oriundo de Agnunte, llamado Leos. Este Leos reveló a Teseo el plan de los Palantidas. Teseo atacó al grupo que estaba emboscado, y lo aniquiló; los demás se dispersaron, y la guerra quedó terminada. Por esta anécdota se explicaba el hecho de que las gentes de Agnunte no se casaran nunca en Palene, la ciudad cuyo epónimo era Palante. A veces se decía que para expiar esta matanza de los Palantidas Teseo había sido desterrado de Atenas y obligado a pasar un año en Trecén. Tal es la versión seguida por Eurípides en su Hipólito; pero como añade que Teseo iba entonces acompañado de Fedra y que allí ésta concibió su culpable pasión por su yerno, se saca la conclusión de que la cronología ordinaria de los acontecimientos se halla alterada, y que la expedición contra las Amazonas queda situada con anterioridad a la matanza de los Palantidas, lo cual es contrario a la tradición más difundida y parece ser una inovación del poeta. )o()o( III.- El ciclo cretense )o( Se sabe que, a consecuencia de la muerte de Androgeo, hijo de Minos, éste había exigido de los atenienses un tributo, pagadero cada nueve años, de siete jóvenes y siete doncellas. Ver, Androgeo. Cuando llegó la hora de satisfacer el tributo por tercera vez, los atenienses empezaron a murmurar contra Egeo. Teseo refiexionó, y, al objeto de apaciguarlos, ofrecióse voluntariamente para ser enviado a Creta. También se contaba que Minos escogía personalmente las víctimas y reclamó a Teseo, conviniéndose que los jóvenes debían presentarse sin armas, pero que si conseguían matar al Minotauro, al cual iban a ser echados como pasto, podrían regresar libremente. Sobre la naturaleza del Minotauro y las distintas versiones a este respecto, ver, Minotauro. Teseo partió en un barco ateniense el sexto día del mes de muniquión. El piloto era Nausítoo, un hombre de Salamina que le había dado Esciro, rey de esta ciudad, porque su nieto Menestes formaba parte de los jóvenes enviados a Minos. Entre las muchachas figuraba Eribea, o Peribea, hija del rey de Mégara, Alcátoo. Sobre Peribea se contaba la siguiente historia: Minos, que, en esta versión, había ido en persona a cobrar el tributo, se enamoró de la joven durante la travesía. Ella llamó en su ayuda a Teseo, el cual declaró a Minos que, por su calidad de hijo de Posidón, era tan noble como él, aunque su padre fuese Zeus. Minos dirigió entonces un ruego a su padre, el cual envió un relámpago. Para probar a Teseo, Minos echó entonces un anillo al mar y le ordenó que si era realmente hijo de Posidón, se lo devolviese. Teseo se zambulló y fue recibido en el palacio de su padre, quien le entregó la sortija de Minos. Más tarde, parece que Teseo se casó con Peribea, la cual adquirió celebridad sobre todo como esposa de Telamón. Al partir, Teseo había recibido de su padre dos juegos de velas para el barco. Velas negras para la ida, pues el viaje era funesto. Pero Teseo había sabido inspirar tanta confianza a todos, que nadie dudaba de que lograría exterminar al Minotauro. En esta confianza, y contando con que el viaje de vuelta sería alegre, Egeo lo había provisto de velas blancas. A su llegada a Creta, Teseo fue recluido, junto con sus compañeros, en el Laberinto que era el "palacio" del Minotauro. Sin embargo, antes había sido visto por Ariadna, una de las hijas de Minos. La muchacha se había enamorado de él y le había dado un ovillo de hilo, que debía ayudarle a no perderse en el Laberinto. Según otra versión, en vez de un ovillo, Ariadna le habría dado una corona luminosa, regalo de boda que le había hecho Dioniso. Gracias a la luz de esta corona, Teseo habría encontrado su camino en el oscuro laberinto. En fin, en otras ocasiones la corona no es considerada como un presente de Ariadna, sino de Anfitrite, la cual se lo había hecho al héroe cuando éste descendió al palacio de Posidón en busca del anillo de Minos. Para ayudar a Teseo, Ariadna había fijado como condición que se casaría con ella y la sacaría de su patria. Teseo se lo había prometido y cumplió su promesa. Una vez hubo dado muerte al Minotauro (a puñetazos), hundió los navíos cretenses para impedir todo intento de persecución, y por la noche se hizo a la vela acompañado de Ariadna y de los jóvenes atenienses a quienes había salvado con su proeza. Según la versión más célebre de la leyenda, Teseo llegó a Naxos un atardecer e hizo escala en la isla. Ariadna se durmió, y al despertar encontróse sola. En el horizonte desaparecía la nave de Teseo, que la había abandonado. Los mitógrafos se preguntaban sobre el motivo de esta deserción. Unos aseguraban que Teseo amaba a otra mujer, Egle, hija del focidio Panopeo. Otros, que había abandonado a la joven por orden de Dioniso, quien, al ver a Ariadna, se había enamorado de ella. Otros todavía, que el dios la había raptado durante la noche. o bien que Atenea, o Hermes, habrían mandado a Teseo que dejase a Ariadna. Ésta se casó luego con Dioniso, que la llevó al país de los dioses. Existían aún otras versiones sobre el episodio de Ariadna. Por ejemplo, que el barco que la conducía, junto con Teseo, había sido arrastrado por la tempestad hasta Chipre. Ariadna. que estaba encinta y mareada en extremo, había desembarcado. Teseo había vuelto a la nave para velar por su seguridad, y un viento súbito lo había internado en el mar. Las mujeres de la isla, compadecidas de la joven abandonada, le habían llevado cartas, que ellas mismas habían escrito y que decían recibidas de Teseo. Ariadna había muerto al dar a luz. Más tarde, Teseo había regresado a la isla, había dado dinero a las mujeres e instituido un ritual y un sacrificio en honor de Ariadna. En el camino de regreso, Teseo efectuó otra escala, en Delos, donde consagró en el templo una estatua de Afrodita que le había dado Ariadna. Bailó con los jóvenes salvados una complicada danza circular que representaba las sinuosidades del Laberinto. Este rito subsistía aún en época histórica. Llegado a la vista de la costa del Ática, Teseo, distraído por el dolor que le había producido la pérdida de Ariadna, se olvidó de cambiar las velas negras de su nave e izar las blancas, signo de victoria. Egeo, que vigilaba su vuelta desde la orilla, vio las velas negras y, pensando que su hijo había muerto, se precipitó al mar, que desde entonces llevó el nombre de mar Egeo. Se contaba también que el anciano observaba el mar desde lo alto de la Acrópolis, en el lugar donde hoy se alza el templo de la Victoria Áptera. Al divisar la vela negra, se arrojó desde lo alto del acantilado y se mató. )o()o( IV.- Actividad política en Atenas )o( Después de la muerte de Egeo, y ya desembarazado de los Palantidas, Teseo asumió el poder en Ática. Su primer acto fue realizar el "sinecismo", o sea, reunir en una sola ciudad a los habitantes, hasta entonces diseminados en el campo. Atenas fue la capital del Estado así constituido. La dotó de los edificios políticos esenciales : el Pritaneo, la Bulé, etc. Instituyó la fiesta de las Panateneas, símbolo de la unidad política del Ática. Acuñó moneda, dividió la sociedad en tres clases: nobles, artesanos y agricultores, e instauró, en sus líneas generales, el funcionamiento de la democracia tal como existía en la época clásica. Conquistó la ciudad de Mégara y la incorporó al Estado que había creado. En la frontera del Peloponeso y el Ática erigió una estela para señalar el límite de los dos países: de un lado, el dorio; del otro, el jonio. Y de la misma forma que Heracles había fundado los Juegos Olímpicos en honor de Zeus, Teseo instituyó, o, mejor dicho, reorganizó en Corinto los Juegos Ístmicos, en honor de Posidón. Durante el reinado de Teseo llevóse a cabo la expedición de los Siete contra Tebas. Sobre su papel en ella ver, Adrasto. Teseo había concedido ya su protección a Edipo cuando éste se refugió en Colono. De igual modo, aseguró la sepultura de los héroes caídos ante la ciudad. El mismo papel se atribuirá a su hijo Demofonte cuando el regreso de los Heraclidas. )o()o( V.- Guerra de las Amazonas )o( La tradición conservaba el recuerdo de una guerra que los habitantes del Ática hubieron de sostener contra las Amazonas que habían invadido el país. Sobre los orígenes de esta guerra discrepan los relatos. Se decía a veces que Teseo había participado en la expedición de Heracles y, en premio a sus hazañas, había recibido como cautiva a Antíope, una de las Amazonas. Pero la mayoría de los mitógrafos contaban que había ido solo a raptar a Antíope. Al abordar en el reino de las Amazonas, había sido bien acogido ya que estas guerreras no detestaban a los extranjeros, y había sido obsequiado con presentes. Teseo había invitado a la que se los ofreció, Antíope, a subir a su nave, y una vez la joven estuvo a bordo, zarpó traidoramente. Éste habría sido el motivo de la guerra. Las Amazonas se dirigieron en son bélico contra Atenas, se apoderaron del Ática y establecieron su campamento en la misma ciudad. La batalla decisiva se trabo cerca de la Pnix, al pie de la Acrópolis, el día en que, en la época clásica, se celebraba la fiesta de las Boedromias. Las Amazonas obtuvieron un éxito momentáneo, pero una de sus alas fue aniquilada por los atenienses, y las invasoras hubieron de firmar la paz. Existían otras versiones de esta guerra, en las que figuraban las aventuras amorosas de Teseo. Según ciertos autores, las Amazonas no habrían atacado el Ática para rescatar a Antíope, sino porque Teseo la había repudiado después de casarse con Fedra, que le había dado Deucalión, hijo de Minos. Antíope, madre de un hijo de Teseo (Hipólito), quiso vengarse y organizó una expedición contra el Ática. El asalto llevóse a cabo el mismo día de la boda de Teseo y Fedra. Antíope, a la cabeza de las Amazonas, trató de invadir la sala donde se celebraba el festín, pero los invitados consiguieron cerrar las puertas y dar muerte a Antíope. En la otra versión, que presentaba la expedición como una tentativa de las Amazonas para rescatar a Antíope, Teseo permanecía fiel a ésta, la cual combatía contra sus hermanas y caía en la batalla. Sólo después de su muerte, Teseo se casaba con Fedra. Finalmente, una tradición oscura aseguraba que, cumpliendo la orden de un oráculo, Teseo había inmolado a Antíope, al comenzar la guerra, sacrificándola a Fobo (la divinidad del Miedo). )o()o( VI.- La amistad con Pirítoo )o( En la madurez de Teseo se sitúan varios episodios cuyo carácter común es ser consecuencia de su amistad con Pirítoo, el héroe lapita. Ya es sabido cómo nació esta amistad y cómo Pirítoo, seducido por las hazañas y la reputación de Teseo, había querido ponerlo a prueba. Pero en el momento de acometer al héroe, fue en tal grado presa de admiración por él, que renunció a la lucha y se declaró vencido. Teseo, picado en su amor propio, le otorgó su amistad. Junto con Pirítoo, Teseo participó en el combate de los lapitas contra los centauros. Luego, un día, los dos amigos decidieron no casarse más que con hijas de Zeus, dado que uno y otro eran hijos de los dos dioses más ilustres: Teseo, de Posidón, y Pirítoo, de Zeus. Teseo resolvió conquistar la mano de Helena, y Pirítoo, la de Perséfone. Los dos amigos empezaron por raptar a Helena. Teseo contaba entonces cincuenta años, y Helena no era todavía núbil. Extrañados ante esta desproporción de edad ciertos mitógrafos aseguraron que no fue Teseo el autor del rapto, sino Idas y Linceo, quienes la confiaron al héroe; o bien que el padre de Helena, Tindáreo, la puso bajo su custodia, por miedo a uno de los hijos de Hipocoonte que quería raptarla. Pero la versión más generalmente difundida y, según se creía, más verosímil, es la siguiente. Teseo y Pirítoo se trasladaron juntos a Esparta y robaron a Helena mientras estaba practicando una danza ritual en el templo de Ártemis Ortia; luego huyeron. Fueron perseguidos, pero los perseguidores se detuvieron en Tegea. Una vez en seguridad los dos compañeros decidieron echar suertes sobre Helena, comprometiéndose el que saliese favorecido a ayudar al otro a conseguir a Perséfone. La suerte dio Helena a Teseo. Pero como la niña no estaba aún en edad de casarse, la llevó secretamente a Afidna, y la dejó al cuidado de su madre Etra. Luego partió a la conquista de Perséfone. Durante su ausencia, los hermanos de Helena, Cástor y Pólux, invadieron el Ática a la cabeza de un ejército de arcadios y lacedemonios. Empezaron reclamando pacíficamente a su hermana al pueblo ateniense. Pero cuando éste hubo de confesar que no tenía la joven ni sabía su paradero, Cástor y Pólux adoptaron una actitud belicosa. Entonces, un tal Academo, que se había enterado del lugar donde se hallaba la carreta en la que Helena se hallaba oculta, les reveló el secreto. Por eso, en el curso de las numerosas invasiones del Ática por los lacedemonios en la época histórica, sus ejércitos respetaron siempre la Academia, que era el jardín funerario del héroe Academo. Los Dioscuros, al saber que Helena estaba oculta en Afidna, tomaron la ciudad y recuperaron a su hermana, llevándose también cautiva a Etra. Luego instalaron en el trono de Atenas a un biznieto de Erecteo, llamado Menesteo, que agrupó a su alrededor a los descontentos, especialmente los nobles, irritados por las reformas de Teseo. Mientras tanto, Teseo y Pirítoo estaban en los Infiernos, víctimas de su temeridad. Hades simuló recibirlos favorablemente y los invitó a sentarse a su mesa, ofreciéndoles un banquete. Pero, clavados en sus asientos, no pudieron levantarse ya y quedaron prisioneros. Cuando Heracles descendió a los Infiernos, quiso liberarlos, pero sólo Teseo fue autorizado por los dioses a volver a tierra. Pirítoo hubo de quedar eternamente sentado en la Silla del Olvido. Se contaba que, al esforzarse por arrancarse de su asiento, Teseo había dejado en él una parte de su cuerpo; ello explica el hecho de que desde siempre los atenienses hayan tenido las caderas muy poco carnosas. Sobre un interpretación evemerísta de la leyenda de Teseo y Pirítoo en la mansión de Hades, ver, Pirítoo. )o()o( VII.- Muerte de Teseo )o( Cuando Teseo, rescatado de su cautividad por Heracles volvió a Atenas, encontró la situación en extremo crítica. Las facciones se repartían el poder, y él era rey sólo de nombre. Al fin, desesperando de afirmarse en el trono, envió en secreto a sus hijos a Eubea, a Elefenor, hijo de Calcodonte, y él se desterró, maldiciendo a Atenas. Se contaba, ora que había tratado de refugiarse en Creta, junto a su cuñado Deucalión, pero que una tempestad lo había arrojado a la costa de Esciros, ora que había ido deliberadamente a Esciros en busca del rey Licomedes, con quien le unían lazos de parentesco. Además, poseía en la isla dominios familiares. El rey Licomedes simuló acogerlo con benevolencia, pero, con pretexto de mostrarle el panorama de la isla, lo llevó a la cima de un monte, lo precipitó a traición desde el alto de una roca y lo mató. Otros autores aseguran que Licomedes no había intervenido en absoluto, sino que Teseo se mató accidentalmente una noche cuando, después de cenar, paseaba por la montaña. Sea lo que fuere, su muerte pasó inadvertida de momento. Menesteo siguió reinando en Atenas, como había sido el deseo de los Dioscuros, y los dos hijos de Teseo participaron en la guerra de Troya como simples particulares. A la muerte de Menesteo, regresaron y recuperaron el trono de Atenas. Ver, Acamante, Demofonte. Cuando se desarrolló la batalla de Maratón contra los persas, los soldados atenienses vieron combatir al frente de ellos un héroe de talla prodigiosa, y comprendieron que era Teseo. Después de las guerras médicas, el oráculo de Delfos mandó a los de Atenas que recogiesen las cenizas de Teseo y les diesen una sepultura honrosa en la ciudad. Cimón cumplió la orden de la Pitia. Conquistó la isla de Esciros y vio en ella un águila que, posada en un cerro, escarbaba la tierra con las garras. Cimón, inspirado por el cielo, comprendió el significado del prodigio. Excavando la loma, encontró un ataúd que encerraba a un héroe de enorme talla, con una lanza y una espada de bronce. Cimón se llevó estas reliquias en su trirreme, y los atenienses recibieron los restos de su héroe con fiestas magníficas. Le dieron digna sepultura cerca del lugar donde más tarde se levantaría el gimnasio de Ptolomeo. Esta tumba pasó a ser el asilo de los esclavos fugitivos y los pobres perseguidos por los ricos, ya que en vida, Teseo había sido el campeón de la democracia. Sobre el episodio de Hipólito y Fedra, ver estos nombres.
 
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