Bóreas
Dios del viento del norte. Habita en Tracia, que, para Grecia, es el país frío por excelencia. Es representado como un genio alado, de gran fuerza física, barbudo y, generalmente, vestido con una corta túnica de pliegues. En una de sus representaciones va provisto, como el Jano romano, de dos rostros opuestos, que sin duda personifican el viento doble que soplaba en el Euripo: el Bóreas y el Antibóreas. Pero esta concepción es excepcional. Bóreas es hijo de Eos (la Aurora) y de Astreo, hijo de Crio y Euribia. Es hermano de Céfiro y de Noto. Pertenece, por tanto, a la estirpe de los Titanes, seres que personifican las fuerzas elementales de la Naturaleza. Entre otras acciones violentas se le atribuye el rapto de Oritía, hija del rey de Atenas Erecteo, cuando estaba jugando con sus compañeras en las márgenes del Iliso. La llevó a Tracia, donde la joven le dio dos hijos, Calais y Zetes. Una variante de esta leyenda situaba el rapto durante una procesión que subía a la Acrópolis, al templo de Atenea Poliada. A veces se atribuye a Bóreas el castigo de Fineo (Ver). Con las yeguas de Erictonio, Bóreas engendró, dícese, en figura de caballo, doce potros tan ligeros que cuando corrían sobre un campo de trigo no doblaban las espigas bajo su peso, y cuando lo hacían por la superficie del mar, no la rizaban. Primero con una Erinia y después con una Harpía, Bóreas engendró también caballos veloces. Se le representaba como un genio alado, barbudo y vestido con una corta túnica. Cuando Jerjes atravesó el Helesponto para conquistar Grecia, los atenienses imploraron el socorro de Bóreas, quien dispersó la flota de los persas e hizo perecer a una gran parte de ellos. Reconocidos a este beneficio le elevaron un templo en los bordes del Iliso, juraron por él y celebraron sus fiestas con gran solemnidad. Jenofonte dice que, durante la expedición de Ciro el joven, viendo su armada incomodada por el viento nordeste, el adivino le aconsejó que le ofreciese un sacrificio y que desde aquel momento el viento cesó. Eliano cuenta que los habitantes de Turium, habiéndose libertado de un gran peligro por una tempestad que destruyó la flota enemiga, Dionisio, el tirano, ofreció sacrificios al viento Bóreas, autor de este estrago, le señaló una casa con renta fija y celebró fiestas anuales en honor suyo. En Megalópolis tenía un templo donde se le ofrecían todos los años sacrificios. En el templo octogonal de los vientos en Atenas es representado Bóreas bajo la figura de un niño con alas, sus pies cubiertos con sandalias y su cabeza con un manto. Ovidio le pinta con una fisonomía torva e irritada, como endureciendo la nieve y dispersando el hielo, como causa principal de los rayos y los relámpagos y la única de los temblores de tierra: envuelto en nieblas cuando atraviesa los cielos y de polvo cuando recorre la tierra. Sobre Bóreas, "rey de los celtas", véase Ciparisa. Ver, Vientos, Vientos menores.

