Diana
Diana es la diosa itálica y romana identificada con Ártemis. Esta identificación parece haberse realizado muy pronto, tal vez en el siglo VI a.C., por mediación de las colonias griegas de Italia meridional, particularmente de Cumas. Sea como fuere, no hizo sino superponerse a los rasgos de una diosa indígena cuyas leyendas propias son evidentemente muy pobres, pues era adorada por un pueblo todavía inculto; pero les dieron colorido otras leyendas elaboradas con posterioridad. Sus dos santuarios más antiguos son el de Capua, donde lleva el nombre de Diana Tifatina, y el de Aricia (a orillas del lago Nemi, cerca de Roma), donde era llamada Diana Nemorensis, Diana de los Bosques.
Contábase que la Diana de Nemi era la Ártemis de Táuride, llevada a Italia por Orestes, lo cual explicaría el carácter salvaje de sus ritos. En efecto, el sacerdote de la Diana de Nemi, llamado Rex Nemorensis (Rey de los Bosques), podía ser muerto, en determinadas circunstancias, por cualquiera que aspirase a sucederle, y es sabido que la diosa de Táuride gustaba de los sacrificios humanos. Ver, Ártemis, Nemi. Se decía también que Ártemis había acogido a Hipólito, hijo de Teseo, después de su muerte y resurrección, debida al médico Asclepio; lo había llevado a Italia y ocultado, bajo otro nombre, en su santuario de Aricia, haciéndolo su ministro. Hipólito se llamaba "Virbio", nombre que se interpretaba como "el que ha vivido dos veces". El origen de esta leyenda tal vez haya que buscarlo en la prohibición de dejar entrar caballos en el santuario, antiquísimo tabú del culto a la Diana de Nemi. Como que en la leyenda de Hipólito, la muerte del héroe había sido causada por sus caballos. Ver, Hipólito. Esto concordaba perfectamente con la personalidad atribuida a "Virbio" y explicaba el tabú como una inquina contra los animales culpables. En Capua existía la leyenda de una cierva consagrada a Diana, un animal de milagrosa longevidad cuya suerte estaba ligada a la conservación de la ciudad.

