Dido

La leyenda de Dido, reina de Cartago, es conocida sobre todo gracias a la "novela de amor" que Virgilio incluye en su Eneida. Pero existía ya con anterioridad, y narraba un episodio de las migraciones fenicias hacia el occidente mediterráneo. En su forma más primitiva, la leyenda era la siguiente: El rey de Tiro, Muto, tenía dos hijos, Pigmalión y Elisa (Elisa es el nombre tirio de la reina Dido). Al morir, legó el reino a sus hijos, y el pueblo reconoció como rey a Pigmalión, pese a que todavía era un niño. Elisa casó con su tío Sicarbas, sacerdote de Heracles y el segundo personaje del Estado, después del rey. Mas Pigmalión hizo asesinar a Sicarbas para apoderarse de sus tesoros, lo cual no logró, pues su hermana, horrorizada por el crimen, decidió huir. Cargó secretamente los tesoros de Sicarbas en varios barcos y escapó, acompañada de nobles tirios descontentos. Se contaba que, durante la travesía, para burlar la codicia de Pigmalión, había arrojado al mar de manera ostensible y como ofrenda al alma de su esposo, sacos que decía estaban llenos de oro, pero que en realidad estaban llenos de arena. En Chipre se unió a ella un sacerdote de Zeus, movido por una advertencia divina. Allí, los compañeros de Dido raptaron a ochenta doncellas que se habían consagrado a Afrodita, para convertirlas en sus mujeres. Luego los emigrantes desembarcaron en África, donde fueron bien recibidos por los indígenas. Éstos permitieron a Dido, que les pedía una porción de tierra donde establecerse, que tomase la extensión "que pudiese abarcar una piel de buey". Dido recortó una piel en tiras delgadísimas, y obtuvo de este modo un largo cordón, con el que rodeó un territorio bastante extenso. Los indígenas, ligados por su promesa, le concedieron la tierra así delimitada. No tardaron los habitantes de Útica en enviar regalos a los recién llegados, animándolos a fundar una ciudad. Al proceder a cavar en el primer emplazamiento elegido, se encontró una cabeza de buey, lo cual pareció de mal augurio. Cambiaron, pues, de lugar, y en donde excavaron después apareció una cabeza de caballo, hallazgo que se interpretó como una excelente señal del valor guerrero de la futura ciudad. Y entonces, después que las aportaciones de nuevos colonos llegados de la metrópoli hubieron dado nueva fuerza a la ciudad, Yarbas, el rey indígena de un pueblo vecino, quiso casarse con Dido y la amenazó con declararle la guerra si rehusaba. Dido, impotente para negarse pero horrorizada ante esta nueva unión, pidió un plazo de tres meses con el pretexto de calmar, mediante sacrificios, el alma de su primer marido. Expirado este plazo, subió a una pira y se suicidó. Sobre este tema, Virgilio ha construido la novela de Eneas, en la que vemos al héroe arrojado por una tempestad a la costa de África y recogido por los habitantes de Cartago, la ciudad fundada por Dido. En el curso de un banquete celebrado en su honor, Eneas narra sus aventuras y la caída de Troya. Después, mientras sus compañeros reparan las naves, él se acoge a la hospitalidad de la reina, que, poco a poco, va enamorándose de él. Al fin, en una cacería, cuando una tormenta los ha reunido en busca de cobijo en una misma gruta, ella se convierte en su amante por voluntad de Venus y a instigación de Juno. Mas pronto el rey Yarbas, informado de la aventura e indignado al verse preferido por un extranjero, pide a Júpiter que aleje a Eneas. Y Júpiter, que conoce los destinos, y sabe que Roma ha de nacer lejos de las riberas africanas, da a Eneas orden de partir y rompe esta unión pasajera. Eneas se va sin volver a ver a la reina. Ésta, al saberse abandonada, levanta una gran pira y se quita la vida arrojándose a las llamas. En Virgilio, Dido había estado ya casada, como en la forma anterior de la leyenda, pero el nombre de su primer marido es Siqueo. Aparece, además, su hermana Anna, que quizá no había sido mencionada anteriormente (Ver también Anna Perenna).
 
Volver