Imperio Medio egipcio
Lo componen la Dinastía XI (2.133-1.991) y la Dinastía XII (1.991-1.786). A pesar de su brevedad, apenas dos siglos y medio de duración, no cabe duda de la gran importancia que los mismos egipcios de tiempos posteriores atribuyeron al Imperio Medio. Esto no ha dejado de sorprender a muchos historiadores, puesto que quedan pocas dudas de que, desde el punto de vista de la civilización, este período no es sino la continuación del Imperio Antiguo, y tampoco desde el punto de vista social parece haber habido muchas innovaciones. Sin embargo, hay que reconocer que la civilización del Imperio Medio representa la superación de la del Imperio Antiguo, haciéndose en todos los aspectos más equilibrada, más diversificada, en definitiva más clásica y menos desproporcionada, menos colosal. Y si las estructuras sociales y administrativas han cambiado poco, asemejándose desde luego a las del Imperio Antiguo que sigue siendo el modelo a imitar, no es menos cierto que las reformas administrativas de los reyes de la Dinastía XII son tanteos que preconizan las que a su vez emprenderá la Dinastía XVIII ya en el Imperio Nuevo; como también ha de ser verdad que las grandes transformaciones económicas emprendidas por los mismos reyes de la Dinastía XII, hubieron de beneficiar, en mayor o menor grado, al conjunto de la sociedad egipcia de su tiempo, suscitando la adhesión como mínimo de las clases medias. En definitiva, parece que el Imperio Medio es, aún, consecuencia de la revolución social del Primer Período Intermedio. No en vano, los reyes de la Dinastía XII se habían establecido dentro de lo que había sido el antiguo reino de Heracleópolis y se obstinaron en llevar adelante un programa político que había de instalar en Egipto el reino de Maat, la diosa de la justicia y del equilibrio cósmico. Por esto, el conjunto de su obra transmite esta sensación de humanidad y sensatez que los egipcios no olvidaron nunca. La Dinastía XIII con la que habitualmente se hace comenzar el "Segundo Período Intermedio", parece heredera legítima, bien por sangre o bien por matrimonio, de la XII. Por ello, desde el punto de vista de la evolución política, algunos consideran constituido el llamado "Imperio Medio tebano" por las Dinastías XI, XII y XIII. En este período el dominio egipcio se extendió desde Siria hasta Nubia, por lo que se ha hablado de un "imperio asiático" como prolongación del "nilótico" existente dentro del país. Pero la construcción de ambos imperios no fue fácil ni la obra de una sola dinastía. Fue una tarea difícil debido al tradicional aislamiento del país y al hecho de que a menudo la tendencia natural de expansión hacia el norte chocaba con los intereses de los estados asiáticos en el control del corredor sirio-palestino, de vital importancia como uno de los polos de los varios ejes de comunicación comercial de la época. Además, la dinámica imperialista exigía previamente establecer las bases políticas y económicas que permitieran su puesta en práctica, lo que no siempre era posible. En definitiva, el "imperio" presuponía unificación política y superación de la milenaria rivalidad entre las poblaciones del Alto y Bajo Egipto a fin de canalizar todos sus esfuerzos y recursos en imponerse en el exterior frente a otras potencias con pretensiones similares. Con frecuencia el dominio político de un área, consumado mediante una acción militar, conllevaba también el control de enclaves comerciales o estratégicos de extraordinaria importancia para el desarrollo económico y político del país. Por esta razón el mantenimiento de un "imperio asiático" no era sólo para Egipto una simple demostración de fuerza ante sus posibles rivales, sino también una garantía a la solución propia de sus problemas internos sin injerencias de otros estados vecinos. El primer paso en la construcción de un "imperio" corresponde a Mentuhotep, un príncipe del Alto Egipto que con la ayuda de sus vasallos del sur logró la reunificación política del pais. El nombre de este faraón, que fue adoptado por tres o cuatro reyes de la dinastía XI, honraba al dios guerrero Montu y, en consecuencia, a la condición militar de sus portadores. Puesto que Mentuhotep II fue precedido por faraones de nombre "Antef", esto podría indicar que el proceso de pacificación fue lento, tal como se deduce de las tres titulaturas llevadas por éste, sin que sea necesario suponer la existencia de otros faraones homónimos: "Sanhibtawy" o "el que hace revivir el corazón de las dos tierras"; "Neteryhedet", nombre con el que llevó a cabo la conquista del Delta; y "Sematawy" o "el que une las dos tierras", correspondiente a la última fase de su reinado. Por tanto, reunificación y pacificación impidieron las reformas administrativas y políticas necesarias a la construcción de un "imperio". No obstante, se realizaron ya algunas expediciones punitivas a Libia, Sinaí y la Nubia baja en busca de los recursos metalíferos allí existentes. En una de estas expediciones Amenenhat, visir de Menhuotep IV y dotado de poderes extraordinarios, explotó en su provecho un relato prodigioso (llamado la "Profecía de Neferty"), que le valdría el acceso al trono pocos años después y la inauguración de una nueva dinastía. Amenenhat adoptó una política más radical que sus predecesores; trasladó la capital a It-tawy, en el límite entre el Alto y Bajo Egipto y próxima a Menfis, donde aún existía un importante grupo de administradores y escribas. Trató de imponer a la monarquía sobre los intereses de los nomarcas, procediendo a una mayor centralización del poder. Con un eficiente equipo de funcionarios reales reorganizó el territorio fijando límites territoriales con fines tributarios. Finalmente, asoció al trono a su hijo Sesostris para asegurar la continuidad dinástica. La experiencia en los asuntos de estado dirigiendo algunas expediciones exteriores permitió a éste proseguir la política de su padre, víctima de una conspiración palaciega. Sesostris I inició la revalorización agrícola del Fayum y estableció relaciones comerciales permanentes con Asia. Pero uno de sus descendientes y quinto faraón de la dinastía XII, Sesostris III (1.878-1.843) completó la reorganización administrativa del país con una reforma sin precedentes: suprimió la condición hereditaria de los nomarcas e hizo depender la administración nómica directamente de palacio, con lo que culminaba el proceso de centralización del poder faraónico iniciado por sus predecesores. A efectos administrativos el país quedaba dividido en tres distritos (Alto, Medio y Bajo) coordinados por un "visir", y una burocracia especializada sustituía a sacerdotes y escribas de sus funciones tradicionales. Se realizaba así la reforma estructural del Estado necesaria para la creación y mantenimiento de un "imperio" en el exterior. Por esta época las relaciones entre egipcios y asiáticos eran ya frecuentes, lo mismo que las mantenidas con los nubios desde hacía ss.. Pero se trataba de reafirmar la posición egipcia en ambos ámbitos por razones comerciales: al norte en las ciudades sirio-palestinas; al sur en torno a Kerma y la ruta del oro nubio. El establecimiento de fortalezas a uno y otro extremo del "imperio", desde el norte de Siria (Ugarit) hasta más allá de la 2ª catarata del Nilo (Wadi HaIfa, frente a Buhen), cubría en realidad un doble objetivo: político, en cuanto puestos de defensa contra posibles incursiones en territorio dominado; económico, en tanto que sin garantizar el absoluto control de la zona salvaguardaba la explotación de las áreas intermedias; por el norte, el acceso a las minas de cobre de Sinaí y el comercio de madera con Biblos; por el sur, la explotación intensiva del oasis del Fayum y el acceso al mercado del oro y esclavos nubios. En realidad el llamado "Imperio Medio" egipcio no fue tal, pero es indudable que durante este período se pusieron las bases para la construcción de un gran imperio, aunque la dinámica imperialista, propiamente dicha, se demoraría todavía dos ss.. En esta etapa, los principios del arte egipcio adquieren un carácter normativo. Pero su implantación en todo el país chocó con ciertas resistencias. Durante el III milenio a.C.. el centro de Egipto estaba en Menfis, de forma que la creación artística se concentraba en los templos y tumbas de la zona, especialmente las pirámides de Saqqara y Gizeh. Con el declive del Imperio Antiguo, las provincias adquieren mayor relevancia y manifiestan una creatividad propia. El arte del Imperio Medio estableció un pacto entre tradición y renovación. La lengua, la escritura y la literatura de esta época desempeñaron un rol clave hasta la llegada de los romanos. Entre las obras de esa etapa pueden citarse la "estatua sedente de Kertihotep", de cuarcita (hacia 1.859 a.C.), la "estatua sedente de Montemhet", de granito, la parte superior de una "estatua del rey Sesostris I arrodillado" (1.950 a.C.) y la "cabeza de una estatua del rey Sesostris III", de granito, entre otras muchas. Ver, Dinastías, Imperio egipcio, Imperio Antiguo egipcio.

