Servio Tulio
(siglo VI a.C.). Sexto rey de Roma (578-534 a.C.), después de Rómulo (y Tito Tacio), Numa, Tulio Hostilio, Anco Marcio y Tarquino el Antiguo. La historia de su reinado está lo bastante impregnada de leyenda para que pueda figurar en la mitología. Se contaba que era hijo del lar de la casa, que se había unido con una esclava llamada Ocrisia, en la mansión de Tarquino el Antiguo, en forma de un falo de ceniza (Ver, Lares). Otra versión hacía de él el hijo póstumo de Servio Tulio, el cual reinaba en Cornículo al caer la ciudad en poder de Tarquino y los romanos. Su madre lo llevaba todavía en su seno cuando fue muerto Servio padre, y el hijo nació en Roma, donde la mujer era cautiva de Tarquino. Un día, mientras dormía el pequeño Servio, su cabeza apareció rodeada de llamas. La reina Tanaquil impidió que despertasen al niño y que se tratase de apagar el fuego. Y cuando el pequeño despertó, la llama se extinguió por sí sola. Tanaquil interpretó el fenómeno como un presagio de gloria, y desde entonces ella y su marido Tarquino educaron al hijo de su esclava con el mayor esmero. Llegado a la edad viril, Tarquino lo casó con su propia hija y, lo designó como su sucesor. Tarquino fue asesinado por los hijos de Anco o por el mismo Servio Tulio ayudado por los hermanos Vibenna, príncipes de la ciudad etrusca de Vulci. Posteriormente, Servio hizo ratificar su elevación al trono por una elección popular. Su figura contiene algunos elementos enigmáticos, especialmente respecto a su origen (¿etrusco, romano, esclavo?) y a la peculiar orientación de su política a favor de unos u otros grupos sociales. Dionisio de Halicarnaso los considera "extranjero y sin patria", lo que se corresponde bien con una tradición latina tardía, recogida por Justino, que lo identifica como "servus Tuscorum", esto es, "esclavo de procedencia etrusca". Según la tradición etrusca, de la que el emperador Claudio se hizo eco, era un etrusco llamado Mastarna (Macstrna). En fin, el origen latino de Servio no podría descartarse, puesto que es el que más se ajusta al contexto político de la época de rivalidades entre la nobleza de las ciudades latinas y etruscas por controlar el trono romano. Llegado a rey a la muerte de Tarquino, emprendió la reorganización de la sociedad romana. Dividió a los ciudadanos en cinco clases "censatarias", persistiendo este sistema hasta el fin de la República y sobrevivió incluso bajo el Imperio. Es muy probable que la organización de las clases servianas sea muy posterior al siglo VI, pero es muy significativo que la tradición haya hecho instaurador de ella al rey de origen servil, que habría osado, si no romper los viejos cuadros sociales, por lo menos superponerles una jerarquía basada en la riqueza. Es de notar cómo se unía al nombre de Servio un trabajo de organización administrativa cuyas consecuencias se habían desarrollado a través de toda la historia de la República; con él, la ciudad, hasta entonces formada de elementos independientes de la fortuna y de la residencia, se encontró de golpe fijada en su mismo suelo y también como laicizada. Resulta indudable que las reformas internas llevadas a cabo por Servio, tanto en el ámbito de las tribus como en el del ejército centuriado, supusieron la reorganización social y política de la primitiva comunidad romana. Pero no parece que este rey haya podido librarse de las exigencias del grupo patricio que le había encumbrado al trono. En efecto, la organización centuriada favoreció claramente a este grupo aun cuando otros quedaron también representados. La obra de Servio puede ser considerada como una tercera fundación, esta vez en el plano de la vida política. Es a él a quien se atribuye la creación del census. Las reformas servianas fueron acompañadas de una extensión material de la ciudad, y, al decir de los historiadores antiguos, de la construcción de un recinto continuo, que llevó el nombre de muro serviano. La reforma serviana testimonia, bajo diferentes aspectos, un solo pensamiento directriz: sustituir a los antiguos cuadros religiosos por una doble organización a la vez censataria y topográfica. Servio realizó un verdadero sinecismo: dotando a la ciudad de un recinto común tradujo sobre el terreno la unidad de Roma, que consagraba ya la división en clases y la distribución en tribus geográficas. Es seguramente difícil pretender que esta reforma fuese verdaderamente la obra de un solo hombre, pero no se puede negar a los historiadores antiguos, que han dado consistencia a la figura del rey Servio, una visión clara y coherente de lo que fue el nacimiento de Roma como ciudad y como Estado. Su hija Tulia le hizo asesinar. Le sucedió Tarquino el Soberbio. Ver, Censo, Censatario.

