Mitríacas

o Mithriacos. Fiestas y misterios de Mitra. La principal de estas fiestas era la de su nacimiento, que un calendario romano pone en el 25 de diciembre, día en que además de los misterios que se celebraban con la mayor solemnidad, se daban también juegos de Circo, consagrados a Mitra. Con esto se quería significar que alejado el sol de nuestro hemisferio, después del equinoccio de otoño, se acercaba el solsticio de invierno. A ejemplo de los persas, que no tenían templos y celebraban las fiestas de Mitra en una cueva, los romanos se entregaban a este culto en cuevas donde serpenteaban algunas fuentes, y cuyos suelos estaban alfombrados de verdura: pero nada podía compararse con las fatigas y tormentos que era necesario sufrir antes de ser iniciado en este misterio. Nonno dice que era necesario pasar por ochenta pruebas diferentes. Desde el momento en que se bañaban los candidatos, se les obligaba a arrojarse al fuego; enseguida eran enviados a un desierto donde estaban sujetos a un ayuno de cincuenta días, después de lo cual los azotaban por espacio de dos días, y los metían otros veinte en la nieve. Sólo después de estas pruebas, sobre cuya rigurosa observación velaba un sacerdote y en las cuales morían muchos de los candidatos, eran admitidos a los misterios. Entre otras ceremonias de la iniciación, se arrojaba agua sobre los iniciados y les presentaban pan y vino, a fin, según se decía, de regenerarlos, y les ponían, dice Arnobio, una serpiente de oro en su seno; pues la serpiente que muda todos los años su piel, era uno de los símbolos del sol, cuyo calor se renueva en la primavera. Imprimían una señal en su frente, y se les presentaba una corona sostenida por una espada, que era necesario arrojar hacia atrás, diciendo: "sólo Mitra es mi corona". Al momento se declaraba el iniciado soldado de Mitra, y se le mandaba el más riguroso secreto. En estas fiestas se inmolaban víctimas humanas, costumbre bárbara abolida por Adriano y restablecida por Cómodo. Después de estos horrorosos sacrificios les mostraban a Mitra bajo la figura de un joven y los hierofantes les explicaban los símbolos de este dios. Los que pretenden que la metempsicosis era la verdadera doctrina de los mitríacos, dicen que estos símbolos se referían al tránsito del alma del hombre a los diferentes planetas antes de llegar al sol, donde iba por fin a habitar. El soberano sacerdote de Mitra gozaba de una gran consideración. Tenía bajo sus órdenes ministros de ambos sexos de los cuales, los primeros se llamaban Patres, y los otros Matres Sacrorum. Ver, Coracios, Leónticas, León, etc. Este culto hizo enormes progresos, pasando de Roma a Italia, Dacia, Noricia, Egipto, Creta etc., y duró mucho tiempo, pues se encuentran señales de él en el siglo IV. Ver, Sacerdotes.
 
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