Lustral
Día (Lustralis dies). Día en que los recién nacidos recibían su nombre y la ceremonia de la lustración. La mayor parte de los autores aseguran que era el día nono de su nacimiento para los varones, y el octavo para las hembras. Otros pretenden que era el quinto sin distinción de sexos; otros, el día último de la semana en que había nacido la criatura. Las parteras, después de haberse purificado lavándose las manos, daban tres vueltas alrededor de la hoguera con el niño en los brazos, lo que designaba por una parte su entrada en la familia, y por la otra, que se le ponía bajo la protección de los dioses de la casa, a la cual la hoguera servía de altar; enseguida se tiraban por aspersión algunas gotas de agua sobre el recién nacido. Se celebraba en el mismo día un banquete con grandes muestras de alegría, y se recibían en estas ocasiones los regalos de los amigos. Si el nacido era varón, se coronaba la puerta de la habitación con una guirnalda de olivo; si era hembra, se adornaba la puerta con madejas de lana, símbolo del trabajo en que debía ocuparse este sexo.

