Creonte

El Creonte tebano era hijo de Meneceo y hermano de Yocasta. Cuando Layo, rey de Tebas, fue muerto por Edipo, su propio hijo, Creonte le sucedió, pero la ciudad fue entonces víctima de una plaga en figura de una Esfinge que proponía adivinanzas a los tebanos y los devoraba si no sabían contestar. De esta manera mató a varias personas y, finalmente, al propio hijo de Creonte, Hemón. Presentóse Edipo, respondió correctamente, y la Esfinge, desesperada, se precipitó de lo alto de la ciudadela. El acertijo era el siguiente: "¿Quién tiene una voz, anda con cuatro patas, luego con dos y luego con tres?". Edipo supo descubrir que era el hombre, el cual comenzaba la vida andando a cuatro patas, la continuaba andando con dos y la terminaba sirviéndose de un bastón. Ligado por su promesa, Creonte hubo de ceder el trono al vencedor, libertador de Tebas. Dióle también en matrimonio a la viuda del rey anterior, Yocasta, su propia hermana que, sin saberlo nadie, resultaba ser madre de Edipo. Posteriormente, al asolar la ciudad una peste, Creonte, por orden de Edipo, fue a consultar el oráculo de Delfos. Después, una vez revelado el incesto de Edipo, Creonte volvió a ocupar el trono mientras aquél le confiaba a sus hijos y partía para el destierro. Durante los combates de los Siete Jefes contra Tebas (Ver, Adrasto), Creonte, por mandato de Tiresias, ofreció a su propio hijo Megareo en sacrificio a Ares, y de este modo salvó a la ciudad. Derrotados los asaltantes, Creonte decidió que Polinices, que había luchado contra su patria, quedase insepulto (Ver, Polinices, Eteocles). Y como Antígona había esparcido sobre el cuerpo de su hermano el polvo exigido por los ritos, Creonte la condenó a muerte. Encerróla en la tumba de los Labdácidas, donde la joven se suicidó, y si hay que creer la versión presentada por Sófocles, Hemón, hijo de Creonte, que era su prometido, se suicidó también sobre su cadáver, mientras Eurídice, esposa del rey, se ahorcaba presa de desesperación. La crueldad de Creonte para con Antígona y su impiedad, son puestas de manifiesto por otra leyenda. Cuando Edipo, desterrado de Tebas, se refugió en el Ática, en el demo de Colono, Creonte, que primero lo había expulsado sin contemplaciones, trató de hacerlo volver a Tebas. El oráculo de Delfos había revelado que la prosperidad de la ciudad sólo quedaría asegurada el día en que Edipo estuviese de regreso en ella. Al negarse éste, Creonte intentó obligarlo por la fuerza, y Teseo hubo de intervenir para impedir su rapto. También se atribuye a Teseo la acción decisiva que forzó a Creonte a restituir a los argivos los cadáveres de los suyos, caídos durante la guerra de los Siete. Según algunas versiones, Teseo habría dado muerte a Creonte en la expedición que emprendió a este efecto contra Tebas. También se refieren al reinado de Creonte dos episodios, uno de la leyenda de Anfitrión, el otro del ciclo de Heracles. En efecto, Creonte purificó a Anfitrión cuando este se refugió en Tebas y le impuso la condición de exterminar el zorro de Teumeso antes de acompañarlo en su expedición contra los telebeos (Ver, Anfitrión). Reinaba también en Tebas en el momento en que Heracles, joven aún, libró a la ciudad del tributo impuesto por Ergino de Orcómeno (Ver, Ergino). Como recompensa, Creonte le dio la mano de su hija mayor Mégara, mientras otorgaba a Ificles, el hermano gemelo de Heracles, su hija menor.
 
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