Fidelidad

Los romanos la habían puesto en el número de sus divinidades. Numa fue el primero que le erigió un templo y altares. Se le ofrecían flores, vino e incienso: sin embargo estaba prohibido sacrificarle víctimas. Sus sacerdotes, cubiertos de un velo blanco, eran conducidos en pompa al lugar del sacrificio en un carro a manera de arco, con la cabeza y las manos envueltas en un manto. La fidelidad se da a conocer muy bien por la llave que tiene, por su vestido blanco, y por el perro que está a su lado. En muchas medallas se ven por emblema de la fidelidad, dos manos unidas. Se representa también a esta diosa por una mujer que tiene un canastillo de frutos en una mano, y en la otra espigas de trigo.
 
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