Fiebre

Deidad que tenía sus altares y sacrificios peculiares entre los griegos y los romanos. Tenía un templo en el monte Palatino, otro en la plaza de los monumentos de Mario, y otro al extremo de la calle Larga. Se llevaban a estos templos los remedios contra la fiebre antes de darlos a los enfermos, y se dejaban algún tiempo sobre el altar de la diosa. Se le prodigaban los nombres de Divina, Santa y Grande, como lo prueba una antigua inscripción. Los griegos habían hecho de ella un dios, porque en su idioma, Piretos es masculino. Se le alegoriza algunas veces por una mujer echada sobre un león, de cuya boca sale un vapor, porque según los antiguos naturalistas, el león está muy sujeto a la fiebre, particularmente a la cuartana. Los antiguos decían que ésta era hija de Saturno, porque el planeta de su nombre se suponía frío y seco, y dominaba, según creían, sobre la bilis y la melancolía, que se miraban como causas de esta fiebre.
 
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