Lararium

o Larario. Lugar destinado, entre los romanos, al culto de los dioses lares, a los que se rendía culto doméstico. Consistía en una especie de oratorio, capilla, templete u hornacina, generalmente colocada en el atrio, detrás del hogar o en una habitación adecuada, dependiendo su magnitud de la de la casa o palacio a que pertenecía. Cada familia, cada casa, cada individuo tenía sus dioses lares particulares, según su devoción o inclinación. Los de Marco Aurelio, eran los grandes hombres que habían sido sus maestros. Les tenía tanto respeto, que en su larario no había más que sus estatuas de oro. Alejandro Severo dirigía todas las mañanas, en su primer larario, sus votos a las estatuas de los dioses, en cuyo número ponía a Apolo, Orfeo, Abraham y Jesucristo; y en segundo larario colocaba a Aquiles, Cicerón, Virgilio, y muchos otros grandes hombres.
 
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