Laverna

Diosa de los ladrones, tramposos, truhanes, mercaderes, plagiarios e hipócritas. Se le había consagrado un bosque vecino a Roma, donde los bandidos venían a hacer sus reparticiones. Había allí una estatua de la diosa a la cual tributaban sus homenajes. Su estatua según unos, era una cabeza sin cuerpo, aunque otros decían que era un cuerpo sin cabeza. Sin embargo, el epíteto de hermosa que le da Horacio hace creer que estaba representada bajo una figura muy agradable, y que una deidad que prestaba a todos sus hijos las máscaras que necesitaban, no se había descuidado de reservarse una que le hiciese honor. Los sacrificios y los votos que se le dirigían, se hacían con el mayor silencio, pues semejantes votos eran demasiado vergonzosos para que pudiese articularse en alta voz. Testigos los que Horacio pone en boca de un impostor que apenas se atreve a mover los labios."Hermosa Laverna, le hace decir, dame el arte de engañar, de parecer justo, santo, inocente; oculta mis crímenes y mis embellecos con las tinieblas y la oscuridad". En Plauto un cocinero jura por Laverna y amenaza por la misma al que le ha robado los instrumentos de su arte, juzgando que ya que con esta profesión pertenece a la diosa, podía con este título reclamar su protección. Le estaba particularmente consagrada la mano izquierda, tenida por los antiguos como la mano del robo. Derívase su nombre o de laverna que significa ladrón, arma que usan los ladrones, ladrón de profesión o del griego laphyria despojos, o del latín latere ocultarse, o de larva, máscara. Tenía su altar en la vía Salaria.
 
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