Lacinia
o Laciniana. Sobrenombre de Hera, sacado de un promontorio de Italia, en el golfo de Tarento, donde poseía un templo respetable por su santidad, dice Tito Livio, y célebre por los ricos presentes que los adornaban. Estaba cubierto de tejas de mármol, parte de las cuales fueron robadas por Q. Fulvio Flaco para servir de techo a un templo de la Fortuna que hacía edificar en Roma. Habiendo muerto poco después miserablemente, se atribuyó su muerte a la venganza de la diosa, y por orden del Senado fueron trasladadas las tejas al mismo lugar de donde se habían sacado. A este primer prodigio se añadió otro más singular, y fue que si alguno grababa su nombre sobre estas tejas se borraba desde el momento que aquel moría. Cicerón refiere otro milagro de Hera Lacinia. Queriendo Aníbal tomar de este templo una columna de oro, y no sabiendo si era macizo o no, la hizo sondar y, observando que era todo oro, resolvió llevársela, pero habiéndosele aparecido Hera la noche siguiente, y advertido que no la robase si no quería perder el único ojo bueno que le quedaba, Aníbal obedeció al sueño y del oro que había sacado de la columna sondándola, hizo fundir un pequeño becerro y lo mandó poner sobre el capitel de la columna. Ver, Lacinio.

