Metempsicosis
Doctrina de la reencarnación o transmigración del alma sostenida por Pitágoras. Estaba basada en la idea de la inmortalidad del alma que, aprisionada temporalmente en el cuerpo, se liberaba finalmente de éste si conseguía mantenerse pura de su contaminación y volvía a iniciar el proceso de la reencarnación. Uno de los aspectos más significativos del Libro de los Muertos, es el cambio del alma del difunto en forma de animales (serpiente, insecto, ibis, fénix, gavilán, halcón, etc.) de divinidades (Osiris, Ptah o la que se quisiera), de plantas (flor, árbol) o de objetos (pilar). El alma, bajo esas formas, y así lo dicen los sortilegios o fórmulas, podía viajar fuera de su tumba, tanto por el mundo celestial como por el submundo. Esta creencia pasaría después al pensamiento griego bajo la teoría de la metempsicosis, que tanto alcance tuvo en algunos filósofos y sobre todo en la religión órfica. Pitágoras enseñó la metempsicosis en Grecia y en Italia hacia la Olimpíada del 62, y parece haberla tomado de los egipcios. Los sacerdotes egipcios explicaban con esto la prodigiosa desigualdad de las condiciones humanas. El infortunio es una expiación de los crímenes cometidos en una vida precedente, y la dicha, la recompensa de las virtudes de una vida anterior. Creían también que el hombre que con un cierto número de transmigraciones había expiado sus faltas, era trasladado a una estrella o planeta, que le estaba señalado por habitación. Este dogma podía tener dos ventajas: la primera servir de fundamento a la opinión de la inmortalidad del alma, lo que da margen a que Lucano la llame mentira oficiosa, que aparta los temores de la muerte; la segunda, de hacer odioso el vicio, y amable la virtud, enseñando el considerarlos que el alma pasaba a otros cuerpos nobles o despreciables, según el mérito de las acciones. Pero conducía naturalmente al culto de los animales, enseñando el considerarlos como un domicilio de los que habían sido los bienhechores de su patria y la humanidad. Orígenes pretendía que Dios no había creado el mundo sino para castigar las almas que habían pecado en el cielo. La metempsicosis sufrió tres revoluciones: 1º) los orientales y la mayor parte de los griegos adoptaron la opinión de los egipcios que se ha visto más arriba; 2º) muchos discípulos de Pitágoras y de Platón, persuadidos de que todo lo que vegeta tiene sensación y participa de la inteligencia universal, añadieron que la misma alma, por aumento de pena, iba a sepultarse en una planta o en un árbol; 3º) en fin, al nacer el cristianismo, Celso Porfirio y otros filósofos paganos no admitieron sino el pasaje del alma de un hombre al cuerpo de otro hombre. Esta era la opinión de los galos y germanos, y lo es aún de los indios y de los chinos. Entre los judíos, la mayor parte de los fariseos admitían la transmigración de las almas.

