Metelo
Quinto Cecilio (Quintus Caecilius Metellus Numidicus), conocido como Numídico (ss. II-I a.C.). Político y general romano, sobrino de Metelo Macedónico y hermano de Metelo Cecilio Dalmático. Adquirió durante su juventud una amplia cultura, siendo discípulo del filósofo Carnéades en Atenas. Tribuno en el 120, edil en el 117 y pretor en el 113 en Sicilia y Cerdeña, obtuvo el consulado en el 109 dirigiendo, también en 108-107 como procónsul, la guerra contra Jugurta, tras los fracasados intentos de los cónsules Calpurnio Bestia y Aulo Postumio de sofocar el conflicto africano. Allí reorganizó las tropas romanas a las que impuso una severa disciplina tomando la ciudad de Vacca y derrotando a Jugurta en Muthul. Sin embargo, no consiguió grandes avances contra la guerrilla. Metelo insultó a su flamante legado Gayo Mario cuando este le pidió permiso para regresar a Roma para presentarse al consulado. Mario perseveró e intrigó contra Metelo, hasta que consiguió el consulado para el 107. Mario hizo aprobar una ley que le transfería el mando de Metelo, pero este abandonó África antes de que llegara su rival. Metelo fue procesado en Roma, pero fue absuelto y cuando el favor popular se lo permitió, celebró un espléndido triunfo recibiendo el sobrenombre de Numídicus. En el 102 fue nombrado censor, solicitó la expulsión del Senado y actuó enérgicamente contra el tribuno popular Apuleyo Saturnino, colaborador de Mario, quien había obligado a los senadores a jurar una ley agraria en un plazo de cinco días o, en caso contrario, al pago de una multa. El otro censor, su primo Metelo Caprario, se lo impidió. Metelo prefirió retirarse al destierro en la isla de Rodas, antes que someterse a esta decisión y tener que jurar el cumplimiento de las nuevas leyes de Saturnino, siendo expulsado del Senado. Tras la muerte de Saturnino, Mario hizo todo lo que pudo para evitar su regreso, pero, en el 98 y a propuesta del tribuno Calidio, el Senado aprobó restaurar a Metelo. Su regreso a Roma fue celebrado por su numerosa e influyente familia, pero Metelo no tomó ya más parte en la política, muriendo poco después (91). Cicerón le cita como brillante orador. Algunos de sus discursos fueron recogidos por Elio Estilón, según nos dice Frontón.

